{"id":52,"date":"2014-03-02T13:54:30","date_gmt":"2014-03-02T13:54:30","guid":{"rendered":"http:\/\/distancia.cuautitlan2.unam.mx\/rudics\/?p=52"},"modified":"2024-01-22T17:34:02","modified_gmt":"2024-01-22T23:34:02","slug":"un-acercamiento-a-la-historia-de-la-educacion-de-la-mujer-mexicana-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/?p=52","title":{"rendered":"Un acercamiento a la historia de la educaci\u00f3n de la mujer mexicana"},"content":{"rendered":"<p>DOI: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2014.5.8.5\">https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2014.5.8.5<\/a><\/p>\n<p><strong>An approach to the history of the education of Mexican women <\/strong><\/p>\n<p><b>Mariana C\u00f3rdoba Navarro<\/b><\/p>\n<p>e-mail: <a href=\"mailto:marianacordovan@gmail.com\">marianacordovan@gmail.com<\/a><\/p>\n<p><b>Facultad de Filosof\u00eda y Letras \u2013 UNAM<\/b><\/p>\n<p><span style=\"line-height: 1.5em;\"> <a href='https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/ARTI5.pdf' class='small-button smallblue' target=\"_blank\">PDF<\/a> \u00a0<\/span><\/p>\n<p><b>Resumen:<\/b><\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n del conocimiento en los \u00faltimos tres milenios, ha sido posible gracias a la integraci\u00f3n de la mujer en el proceso de ense\u00f1anza &#8211; aprendizaje &#8211; evaluaci\u00f3n y asertividad de manera gradual, a trav\u00e9s de diversos momentos hist\u00f3ricos, y contin\u00faa innovando diversas metodolog\u00edas y propuestas de cambio que contribuyen al desarrollo del intelecto humano. Hist\u00f3ricamente, el siglo XIX fue significativo en los procesos de fortalecimiento del desarrollo educativo de las mujeres y este art\u00edculo trata de esbozar el curso hist\u00f3rico de la educaci\u00f3n de las mujeres mexicanas, a trav\u00e9s de las revistas para mujeres.<\/p>\n<p><b>Palabras clave: <\/b>Mujer \u2013 Educaci\u00f3n. Mujer \u2013 Historia. Mujer \u2013 Revistas.<b><\/b><\/p>\n<p><b>Abstract:<\/b><\/p>\n<p>The knowledge revolution in the last three millennia, has been possible thanks to the integration of women in the teaching process &#8211; learning &#8211; assessment, and assertive about gradually through various historical moments way, and continue to innovate proposed various methodologies change contribute to the development of the human intellect. Historically, the nineteenth century was significant in processes of strengthening the educational process of women and this article deals a historical sketch of Mexican women through women&#8217;s magazines.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n<p><b>Key Words: <\/b><\/p>\n<p>Women &#8211; Education. Women &#8211; History. Women &#8211; magazines.<b><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>La historia de lecturas dirigidas a las mujeres mexicanas se encuentra estrechamente relacionada con su incorporaci\u00f3n a la educaci\u00f3n, ya que era precisamente en el seno de las escuelas, donde se daban, de forma principal, los acercamientos iniciales a la misma; para llegar a entender los factores que han influido en dicho proceso, es preciso analizar la lenta inserci\u00f3n de la mujer en el \u00e1mbito educativo, as\u00ed como el papel que ha tenido o se le ha conferido socialmente a lo largo del devenir hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>El antecedente<\/b><\/p>\n<p>Aunque existen pocos datos hist\u00f3ricos relativos a la educaci\u00f3n de la mujer durante la \u00e9poca prehisp\u00e1nica, puede establecerse que en el <i>calpulli<\/i>, es decir, en las comunidades de trabajadores, a la mujer le eran encomendadas actividades especiales, las cuales estaban directamente relacionadas con sus capacidades f\u00edsicas, esto es, le asignaban tareas basadas tanto en su fuerza f\u00edsica, como en su peso y talla. De acuerdo con ello, van determin\u00e1ndose las tareas que le son \u201cpropias\u201d conforme a su g\u00e9nero y las necesidades de la comunidad; as\u00ed, la raz\u00f3n por la cual una mujer estaba incluida o relegada de ciertas actividades, era principalmente su condici\u00f3n f\u00edsica; sin embargo, es justamente en el <i>calpulli<\/i> donde la mujer ocupa un lugar dentro de la asamblea, de la misma forma que los varones, aunque de manera separada e independiente de los hombres (Alvarez, 1992).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n de las mujeres, en la comunidad, se recib\u00eda b\u00e1sicamente en el hogar, donde era instruida en los deberes dom\u00e9sticos, aunque tambi\u00e9n, algunas de ellas, pod\u00edan ingresar a una educaci\u00f3n de car\u00e1cter \u201cformal\u201d en el <i>ichpochcalli<\/i>; de igual forma que en el caso de los varones, hab\u00eda una gran diferencia en la educaci\u00f3n otorgada de acuerdo con la posici\u00f3n social que ocupaban; b\u00e1sicamente las mujeres pertenecientes a la nobleza eran educadas en el <i>calm\u00e9cac,<\/i> donde ejercitaban los servicios destinados al culto (Hierro 2002).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La finalidad de la educaci\u00f3n de la mujer dentro del <i>calm\u00e9cac,<\/i> seg\u00fan L\u00f3pez (1985),<i> <\/i>era lograr que las educandas fuesen mujeres de distinci\u00f3n; recib\u00edan la denominaci\u00f3n de: \u201chermana mayor o dama\u201d, donde \u201chermana\u201d significaba servidora del templo o sacerdotisa, dicho t\u00edtulo indicaba la entrada de las mujeres al servicio religioso y, por ende, llevaban una vida de penitencia. El t\u00e9rmino <i>tlamacazqui<\/i>, es decir, sacerdote, pod\u00eda ser aplicado tambi\u00e9n a las mujeres, pues tanto ellas como los hombres alcanzaban dones de acuerdo con el rigor con el que cumpl\u00edan los ejercicios religiosos para lograr la perfecci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Torquemada (1995) relata otra forma de educaci\u00f3n femenina: la permanencia voluntaria al servicio de la religi\u00f3n; cualquier mujer que quisiera vivir por alg\u00fan tiempo en el templo pod\u00eda hacerlo. Las que se encontraban en retiro eran sometidas a estricta vigilancia, especialmente en torno a la castidad; al ingresar al templo les cortaban el cabello, lo cual las distingu\u00eda de las dem\u00e1s; de igual forma, sus actividades las dedicaban al dios protector <i>Tezcatlipoca<\/i>; cabe hacer menci\u00f3n que las principiantes trabajaban bajo la direcci\u00f3n de las que eran consideradas las \u201chermanas mayores\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el caso de las mujeres la educaci\u00f3n era vista como una actividad auxiliar, que permitir\u00eda realizar sus labores con eficacia e integrarse cabalmente a \u201csu mundo\u201d, adem\u00e1s de servir mejor a su familia, padres o maridos. En la sociedad antigua la preparaci\u00f3n para el \u201camor\u201d era considerada como parte esencial de la educaci\u00f3n de la joven, pues todo individuo \u2013 hombre o mujer \u2013 nac\u00eda se\u00f1alado para la misi\u00f3n espec\u00edfica que aquella le impon\u00eda: el hombre para la guerra y la mujer para el matrimonio (Hierro, 2002).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la \u00e9poca prehisp\u00e1nica exist\u00eda un arquetipo femenino basado en creencias dominantes, las cuales se encargaban de resaltar virtudes tales como: la dedicaci\u00f3n, la compostura, la fidelidad, la entereza de car\u00e1cter, el valor ante la adversidad y la obediencia, tal y como se muestra en el siguiente fragmento de los <i>Consejos de un padre n\u00e1huatl a su hija <\/i>(1961):<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><i>Que nunca sea vano el coraz\u00f3n de alguien, nadie diga de ti, te se\u00f1ale con el dedo, hable de ti. Si nada sale bien, \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 tu fracaso? Por eso, \u00bfno vendremos nosotros a ser vituperados? Y si ya nos recogi\u00f3 el Se\u00f1or nuestro, \u00bfacaso por esto no se nos vituperar\u00e1 por atr\u00e1s, acaso no seremos reprendidos en la regi\u00f3n de los muertos? En cuanto a ti, \u00bfacaso no pondr\u00e1s en movimiento en tu contra el palo y la piedra? \u00bfNo har\u00e1s que contra ti se dirijan?<\/i><\/li>\n<li><i>Pero si atiendes, \u00bftambi\u00e9n entonces podr\u00e1 venir la reprensi\u00f3n? Tampoco seas ensalzada por otros en exceso, no ensanches tu rostro, no te ensoberbezcas, como si estuvieras en el estrado de las \u00e1guilas y los tigres, como si estuvieras luciendo tu escudo, como si todo el escudo de Huitzilopochtli estuviera en tus manos. Como si gracias a ti estuviera levantando la cabeza, y a nosotros nos acrecentaras el rostro. Pero si no haces nada, \u00bfno ser\u00e1s entonces como una pared de piedra, no se hablar\u00e1 de ti, apenas ser\u00e1s ensalzada? Pero s\u00e9 en estas cosas como lo desea para ti el Se\u00f1or nuestro\u2026<\/i><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como puede observarse, la hija del se\u00f1or perteneciente a la clase noble, era la depositaria del honor de la familia entera, e incluso se afirmaba que la joven no se pertenec\u00eda a s\u00ed misma ya que sus actos \u2013buenos y malos- repercut\u00edan sobre todos los dem\u00e1s miembros de su familia; es all\u00ed donde resid\u00eda la importancia de sujeci\u00f3n a las normas, pues su vida consist\u00eda principalmente en el culto a la divinidad, seguida del cumplimiento de las labores dom\u00e9sticas propias de su sexo (Hierro, 2002). Sin embargo, cualquiera que fuese el nivel social de la mujer, en realidad, las creencias dominantes, los valores inculcados y las tareas que les eran encomendadas variaban poco, el trabajo del hogar consist\u00eda en: hilar, tejer y coser; moler el ma\u00edz y hacer tortillas; preparar comida y barrer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No obstante, puede decirse que aunque las mujeres tambi\u00e9n eran part\u00edcipes en la vida p\u00fablica, ya fuese como sacerdotisas, o bien como cacicas, nunca estuvieron por encima de la autoridad de un hombre, ya que un rasgo caracter\u00edstico de las culturas ind\u00edgenas, de acuerdo a las cr\u00f3nicas de las que se tiene noticia, era que otorgaban a la mujer el papel tradicional de esposa y madre, dependiendo siempre de un hombre para su defensa y su ratificaci\u00f3n dentro de la sociedad, ya fuese padre, marido, hermano o hijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Seg\u00fan Sahag\u00fan (1989), el centro de la educaci\u00f3n de la mujer en esta \u00e9poca, lo constitu\u00edan la devoci\u00f3n religiosa, la castidad, la generosidad, en caso de que poseyera bienes, la obediencia y la valent\u00eda. En t\u00e9rminos generales, en la \u00e9poca prehisp\u00e1nica, la vida de la mujer transcurr\u00eda entre el trabajo dom\u00e9stico, la educaci\u00f3n y el cuidado de los hijos, y se dedicaba en general a las actividades vinculadas a las tareas reproductivas. De igual manera, sirvi\u00f3 para crear v\u00ednculos de linaje, nexos pol\u00edticos y alianzas para la guerra y el comercio basados en enlaces matrimoniales; de esta forma, se inculcaba en ellas la idea de que su m\u00e1s importante funci\u00f3n en la vida era la maternidad, pues los dioses las hab\u00edan creado solo para dar a luz a guerreros que engrandecieran el se\u00f1or\u00edo (Rodr\u00edguez, 2006). Cabe aclarar, sin embargo, que los datos que se tienen sobre la educaci\u00f3n de las mujeres en el M\u00e9xico prehisp\u00e1nico son derivados, la mayor\u00eda de ellos, de las cr\u00f3nicas de los conquistadores, lo que hace posible un sesgo hacia una visi\u00f3n moral cristiana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con base en lo anterior, puede inferirse que si exist\u00edan contrastes entre la educaci\u00f3n de hombres y mujeres en la \u00e9poca prehisp\u00e1nica, estas se perpetuaron con la conquista, debido a que los espa\u00f1oles trajeron consigo una idea de la condici\u00f3n femenina basada fundamentalmente en el cristianismo y desde esta perspectiva, la mujer ten\u00eda una condici\u00f3n inferior al hombre, en cuanto a su ser, val\u00eda, capacidades e ideales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al comienzo de la \u00e9poca colonial en M\u00e9xico, con la conquista militar inicia tambi\u00e9n la llamada conquista espiritual, por medio de la cual se busc\u00f3 implantar la religi\u00f3n cat\u00f3lica; la educaci\u00f3n era vista como un medio para llegar a tal fin, de suerte que, seg\u00fan Kobayashi (1974), el catecismo se convirti\u00f3 en la tarea educativa m\u00e1s importante de los conquistadores y consist\u00eda en aprender de memoria las oraciones principales, los mandamientos de Dios y de la Iglesia.<\/p>\n<p>En sus inicios la educaci\u00f3n formal institucionalizada estuvo dedicada a un peque\u00f1o n\u00famero de ni\u00f1os del medio urbano y de grupos socialmente respetados (Gonzalbo, 1992); el principal inter\u00e9s estuvo en educar a ni\u00f1os y j\u00f3venes ind\u00edgenas -pertenecientes a la nobleza- en temas de religi\u00f3n, ya que buscaban que fungieran como enlaces eficaces para difundir la religi\u00f3n cat\u00f3lica a lo largo del territorio reci\u00e9n conquistado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes del establecimiento de colegios, los misioneros ordenaron que los ni\u00f1os y ni\u00f1as acudiesen despu\u00e9s de misa, acompa\u00f1ados de hombres y mujeres adultos (Kobayashi, 1974), para ser instruirlos en las nociones religiosas b\u00e1sicas y desarrollar la conciencia de su conversi\u00f3n. Antes de que los evangelizadores pudieran comunicarse mediante sus respectivas lenguas, uno de los primeros m\u00e9todos de evangelizaci\u00f3n fueron las im\u00e1genes, para lo cual la pintura se convirti\u00f3 en el auxiliar perfecto, ya que esta ten\u00eda muchas ventajas al ilustrar verdades dif\u00edciles de explicar, ayudaba a la memoria y supl\u00eda las explicaciones incompletas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fray Juan de Zum\u00e1rraga hizo venir de Espa\u00f1a a varias maestras, beatas y seglares, para la educaci\u00f3n de ni\u00f1as indias hijas de \u201cprincipales\u201d, y los mismos franciscanos organizaron internados en varios lugares en que la poblaci\u00f3n india era numerosa: M\u00e9xico, Tetzcoco, Otumba, Tepepulco, Huejotxingo, Tlaxcala, Cholula y Coyoac\u00e1n (Lavrin, 1999; Ricard, 1999). Estos internados funcionaron durante aproximadamente 10 a\u00f1os; entre 1530 y 1540 se fundaron y extendieron los colegios, adem\u00e1s de que al arribar las maestras procedentes de Espa\u00f1a fue reunido un n\u00famero de alumnas indias considerado suficiente. Los colegios para las ni\u00f1as reafirmaron la necesidad urgente de los evangelizadores, de que la religi\u00f3n fuese aceptada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la religi\u00f3n, buscaban que aprendieran las labores \u201cpropias de las mujeres\u201d, pues consideraban necesario que las educandas, cuya edad oscilaba entre los 7 y los 15 a\u00f1os, fueran cultivadas de acuerdo con las creencias dominantes: castidad, obediencia, mansedumbre y devoci\u00f3n, para lo cual la reclusi\u00f3n era considerada una forma id\u00f3nea para conseguir dicho fin; sin embargo, debido a que muchos padres no estuvieron de acuerdo con tal medida, la autoridad eclesi\u00e1stica se vali\u00f3 de diversos m\u00e9todos para realizar la labor de convencimiento; acudi\u00f3 al rey en demanda de la autorizaci\u00f3n para que las ni\u00f1as y j\u00f3venes fueran entregados por la fuerza (Muriel, 1995).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Educar de acuerdo con los preceptos de la iglesia, fue motivo de crear conventos y emplear monjas en la formaci\u00f3n religiosa de las ni\u00f1as, lo cual ayudar\u00eda a que se convirtieran en buenas cristianas y sirvieran honestamente para la finalidad \u00faltima del matrimonio; asimismo, puede entenderse que la formaci\u00f3n a trav\u00e9s de los colegios obedeci\u00f3 tambi\u00e9n al hecho de considerar a la mujer como un medio eficaz para permear la religi\u00f3n en la familia. Los principales conventos en los que se imparti\u00f3 educaci\u00f3n, durante la primera fase de la conquista (Muriel, 1995; Gunnarsd\u00f3ttir, 2001), est\u00e1n concentrados en el cuadro 1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">Cuadro 1. Principales conventos de monjas encargados de educar a ni\u00f1as en el siglo XVI.<\/p>\n<div align=\"center\">\n<table border=\"1\" width=\"574\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\"><b>Fecha de fundaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\"><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Convento<\/b><\/td>\n<td width=\"168\"><b>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Orden<\/b><\/td>\n<td width=\"102\"><b>Ciudad<\/b><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1540<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Real de la Concepci\u00f3n<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1568<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Santa Catalina<\/td>\n<td width=\"168\">Dominicas<\/td>\n<td width=\"102\">Oaxaca<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1570<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Regina Coelli<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1570<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Santa Clara<\/td>\n<td width=\"168\">Franciscanas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1574<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Nuestra Se\u00f1ora de Balvanera<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1576<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">La Consolidaci\u00f3n<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1577<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Santa Catalina<\/td>\n<td width=\"168\">Dominicas<\/td>\n<td width=\"102\">Puebla<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1580<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Real de Jes\u00fas Mar\u00eda<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1586<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">San Jer\u00f3nimo<\/td>\n<td width=\"168\">Jer\u00f3nimas y Agustinas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1588<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Santa Mar\u00eda de Gracia<\/td>\n<td width=\"168\">Dominicas<\/td>\n<td width=\"102\">Guadalajara<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1590<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Santa Catalina<\/td>\n<td width=\"168\">Dominicas<\/td>\n<td width=\"102\">Morelia<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1592<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">San Juan de la Penitencia<\/td>\n<td width=\"168\">Franciscanas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1593<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">La Concepci\u00f3n<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">Puebla<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1593<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">Santa Catalina<\/td>\n<td width=\"168\">Dominicas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1596<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">La Consolaci\u00f3n<\/td>\n<td width=\"168\">Concepcionistas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9rida<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"105\">\n<p align=\"center\">1598<\/p>\n<\/td>\n<td width=\"200\">San Lorenzo<\/td>\n<td width=\"168\">Jer\u00f3nimas y Agustinas<\/td>\n<td width=\"102\">M\u00e9xico<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div>\n<p>Fuente: Elaboraci\u00f3n propia<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como puede observarse, durante esta fase la Iglesia tuvo un papel primordial no solo en la determinaci\u00f3n de las actividades e instrucci\u00f3n femeninas, sino tambi\u00e9n en el establecimiento de las creencias que predominar\u00edan en la \u00e9poca, ya que a trav\u00e9s de dichas actividades fueron sentadas las bases morales, como las costumbres y las pr\u00e1cticas sociales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Paralelamente al establecimiento de los conventos para educar a las ni\u00f1as, surgieron otro tipo de \u201cescuelas\u201d dedicadas especialmente a su instrucci\u00f3n: las denominadas \u201camigas\u201d o \u201cmigas\u201d, que era el t\u00edtulo informal que se daba a las se\u00f1oras que educaban ni\u00f1as y a los establecimientos en que las recib\u00edan, a los cuales no se les exig\u00eda reglamentaci\u00f3n alguna (V\u00e1zquez, 1985); generalmente estaban situados en alguna casa y las licencias para su establecimiento eran entregadas \u00fanicamente a mujeres que tuvieran la sangre limpia, es decir, que no fueran descendientes de jud\u00edos, negros o bien de individuos penitenciados por el Santo Oficio; deb\u00edan ser hijas leg\u00edtimas y, sobre todo, que poseer buenas costumbres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para obtener un permiso de implementaci\u00f3n, los requisitos m\u00ednimos eran los siguientes: poseer conocimientos b\u00e1sicos sobre las oraciones y la doctrina cristiana; no se ped\u00eda ning\u00fan otro tipo de preparaci\u00f3n y debido a ello probablemente la mitad de las maestras de las \u201camigas\u201d s\u00f3lo ense\u00f1aban rudimentos de la doctrina cristiana (Tanck, 1984), sin dar importancia, en este tipo de instrucci\u00f3n, a la lectura ni a otros conocimientos de tipo escolar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, durante ese per\u00edodo, en la educaci\u00f3n denominada formal, se daba importancia a la capacidad de leer \u00fanicamente porque la lectura ayudaba en el aprendizaje del catecismo y en la formaci\u00f3n moral de los cristianos; sin embargo, no toda la poblaci\u00f3n ind\u00edgena tuvo acceso a ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este contexto podemos afirmar que la instrucci\u00f3n b\u00e1sica consisti\u00f3 en nociones elementales de lectura y doctrina cristiana; la escritura no fue considerada indispensable para el aprovechamiento de la ense\u00f1anza religiosa. Las pr\u00e1cticas pedag\u00f3gicas de la \u00e9poca, tanto en Am\u00e9rica como en los pa\u00edses europeos, prescrib\u00edan ense\u00f1ar primero a leer y solo despu\u00e9s de que fuese adquirida dicha\u00a0 capacidad se instruyera en la escritura y posteriormente en la aritm\u00e9tica. Por ello, debido en buena parte a las prioridades sociales y a los m\u00e9todos educativos empleados de la \u00e9poca, en la Nueva Espa\u00f1a m\u00e1s personas aprend\u00edan a leer que a escribir (Osorio, 1987).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A lo largo del siglo XVI, en la sociedad novohispana le\u00edan principalmente libros de espiritualidad, de forma especial los catecismos y sermones; no obstante, exist\u00eda la prohibici\u00f3n de leer la Biblia, en particular los libros de los Cantares y el G\u00e9nesis, \u00fanicamente se escog\u00edan pasajes de esta considerados adecuados para el p\u00fablico al cual estaban dirigidos, es decir, que no fueran peligrosos; acced\u00edan a la religi\u00f3n a trav\u00e9s de los catecismos, los cuales ofrec\u00edan interpretaciones del evangelio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El catecismo del jesuita Jer\u00f3nimo Ripalda fue utilizado con car\u00e1cter universal para todas las regiones, grupos \u00e9tnicos y centros de ense\u00f1anza; uno de los preceptos expuestos en este, que cabe ser mencionado, establec\u00eda que a los maridos les correspond\u00eda corregir a sus esposas, e incluso golpearlas \u201cmoderadamente\u201d si fuese necesario, a lo cual ellas deber\u00edan responder siempre con amor y mansedumbre (Gonzalbo, 1996).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de 1545 las j\u00f3venes indias hab\u00edan abandonado los colegios, lo cual signific\u00f3 un doble fracaso, dado que los indios a quienes estaban destinadas como esposas, rehusaron casarse con ellas debido a que ten\u00edan preferencia por mujeres educadas conforme a costumbres prehisp\u00e1nicas; las versiones de los cronistas difer\u00edan en mucho de la realidad, estos planteaban que las escuelas dejaron de ser necesarias por el gran \u00e9xito obtenido, ya que hab\u00edan logrado que las mujeres indias asimilaran en corto tiempo la vida cristiana y fungieran como maestras de otras, as\u00ed como madres de familia que no dejar\u00edan de educar cristianamente a sus propias hijas (Gonzalbo, 1992).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante el siglo XVII, la educaci\u00f3n mon\u00e1stica continu\u00f3 y se establecieron m\u00e1s conventos, muchos de los cuales eran de contemplaci\u00f3n, sin embargo, la mayor\u00eda estaban dedicados a la educaci\u00f3n de la ni\u00f1ez mexicana. Asimismo, en esta \u00e9poca, la sociedad novohispana hizo suyas las tendencias conservadoras y contrarreformistas que predominaron en la metr\u00f3poli y la educaci\u00f3n fue el medio id\u00f3neo para perpetuar las diferencias y privilegios (Gonzalbo, 1996), al dar preferencia a los ni\u00f1os y ni\u00f1as de origen espa\u00f1ol y criollo, es decir, a los estratos m\u00e1s altos de la sociedad; de esta manera, tanto la educaci\u00f3n formal como la vida religiosa pasaron a ser \u201cpropiedad\u201d exclusiva del grupo dominante, particularmente de los hombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La instrucci\u00f3n formal m\u00e1s generalizada para las ni\u00f1as ind\u00edgenas fue la ense\u00f1anza diaria de la doctrina cristiana (Tanck, 2003); de acuerdo con Lavrin (1999) y Gonzalbo (1987), los colegios para ni\u00f1as indias estaban pr\u00e1cticamente extinguidos, raz\u00f3n por la cual Felipe III y Felipe IV insistieron en fundar y sostener casas de recogimiento; estas al igual que los beaterios eran instituciones que dieron albergue temporal a mujeres pobres, a j\u00f3venes que se consideraba que estaban en peligro moral y a se\u00f1oras que estuviesen separadas de sus maridos. El funcionamiento de los recogimientos piadosos era similar al de los beaterios, pero difer\u00eda de ellos en su objetivo esencial, ya que en los recogimientos se ofrec\u00eda apoyo comunitario para una vida digna y no hac\u00edan votos de ninguna clase, aunque se tuvieran una formaci\u00f3n piadosa eran en general casas de protecci\u00f3n a mujeres en problemas (Muriel, 1994; P\u00e9rez, 1995).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estas fundaciones representaban un apoyo para la educaci\u00f3n y formaci\u00f3n de las mujeres novohispanas que no pertenec\u00edan a las clases sociales altas, al tener importancia como centros de ense\u00f1anza y haber sido la base para la creaci\u00f3n de conventos y colegios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A lo largo siglo XVIII tuvieron auge las construcciones, tanto religiosas como educativas; en 1732 fue planteada por los comerciantes vascos de la Ciudad de M\u00e9xico la primera fundaci\u00f3n laica de una instituci\u00f3n educativa en la Nueva Espa\u00f1a, consistente en un colegio para espa\u00f1olas hu\u00e9rfanas o pobres, en el cual las instructoras ser\u00edan mujeres laicas; dicha instituci\u00f3n ser\u00eda mantenida principalmente con donaciones; por falta de autorizaci\u00f3n episcopal, fue abierta hasta 1767 con una c\u00e9dula y una bula papal a su favor. Este establecimiento estaba destinado a la instrucci\u00f3n de un limitado n\u00famero de alumnas, a las cuales les era impartida la ense\u00f1anza b\u00e1sica de lectura, escritura, doctrina cristiana y bordado (Tanck, 1985).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A pesar de que el establecimiento de los colegios para ni\u00f1as indias no hab\u00eda resultado ser una empresa con \u00e9xito, en 1753 es fundado el Colegio de Nuestra Se\u00f1ora del Pilar por Mar\u00eda Ignacia Viaflor de Echaver (Lavrin, 1966), el cual pretend\u00eda elevar la educaci\u00f3n a la altura de los mejores colegios de la Europa de ese tiempo; como es de suponerse, este colegio no era accesible para cualquier persona.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1767 es instituido el Colegio la Ense\u00f1anza o de las Vizca\u00ednas, el cual estaba dirigido a la educaci\u00f3n de las mujeres; fue planeado y creado por la iniciativa privada de las colonias vascongada y navarra residentes en la Ciudad de M\u00e9xico; adem\u00e1s de ser un colegio de ni\u00f1as, tambi\u00e9n fueron admitidas se\u00f1oras a quienes se les instru\u00eda en oficios adecuados a las mujeres; en sus inicios se inaugur\u00f3 con ni\u00f1as espa\u00f1olas y posteriormente se abri\u00f3 para ni\u00f1as mestizas e indias (Tanck, 1984); esta instituci\u00f3n ofrec\u00eda la educaci\u00f3n m\u00e1s completa que pod\u00edan tener las mujeres en la Nueva Espa\u00f1a, pues adem\u00e1s de las primeras letras, la doctrina cristiana y los oficios, tambi\u00e9n ense\u00f1aban: historia, aritm\u00e9tica, \u00e1lgebra, geograf\u00eda y lat\u00edn.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para el caso de los conventos de monjas, estos aceptaban como internas a ni\u00f1as peque\u00f1as; el objetivo era preservar la castidad, lo cual de acuerdo con las creencias dominantes, era garant\u00eda de la salvaci\u00f3n del alma, as\u00ed como tambi\u00e9n que las alumnas tuviesen un matrimonio favorable; es decir, su finalidad no era propiamente contribuir al desarrollo de la mujer, sino que por el contrario se encontraban basados en premisas que contribu\u00edan a que esta fuese vista como un objeto, sin darle importancia a las aspiraciones de otra \u00edndole que pudiesen tener.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De este modo, entre 1540 y 1767 se establecieron alrededor de 11 instituciones educativas y 15 fundaciones religiosas, principalmente en la capital del virreinato, Guadalajara, Puebla, San Luis Potos\u00ed, Quer\u00e9taro, Oaxaca y Michoac\u00e1n (Infante, 2009), aunque la mayor\u00eda de estos fueron creados para instruir a mujeres de la \u00e9lite novohispana, muchos lograron albergar a mujeres de clases sociales medias y bajas, como el ejemplo del <i>Colegio de San Miguel de Belem, <\/i>fundado en 1680 (Tanck, 1984).<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza de la lectura en los conventos se llevaba a cabo a trav\u00e9s de lecturas del Evangelio y de las historias de las vidas de los santos; es importante aclarar que todas las ense\u00f1anzas ah\u00ed recibidas eran vigiladas cuidadosamente por el confesor de la familia, quien dirig\u00eda la vida de las mujeres. Tambi\u00e9n se ense\u00f1aban nociones b\u00e1sicas de lat\u00edn, que se aprend\u00eda leyendo el <i>\u201cOficio Divino\u201d<\/i>, las sagradas escrituras y las obras teol\u00f3gicas y lit\u00fargicas (Muriel, 1982), las cuales deb\u00edan estar acordes con las capacidades y condici\u00f3n, que se cre\u00eda pose\u00edan las mujeres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una vez que se tuviesen los conocimientos de la lengua latina se iniciaba el estudio de las obras religiosas, las doctrinas m\u00edsticas, as\u00ed como los comentarios de escritores cat\u00f3licos. De esta forma, es frecuente encontrar durante el virreinato a te\u00f3logas, como por ejemplo Mar\u00eda Anna \u00c1gueda de San Ignacio (1695\u20131756), cuyos escritos son considerados como tesoros biogr\u00e1ficos de religiosas novohispanas, entre ellos destacan (Lavrin, 2000; Tovar, 1996):<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><em>\u00a7\u00a0\u00a0 <\/em><em>La azucena entre espinas representada por la Madre Luisa de Santa Catarina definidora del Convento de dominicas de la ciudad de Valladolid de Michoac\u00e1n<\/em><\/li>\n<li><em>\u00a7\u00a0\u00a0 <\/em><em>Compendio breve de la vida y virtudes de la Venerable Francisca de San Jos\u00e9 del tercer orden de Santo Domingo<\/em><\/li>\n<li><em>\u00a7\u00a0\u00a0 <\/em><em>Maravillas del Divino Amor Selladas con el Sello de la Verdad<\/em><\/li>\n<li><i>El arte comienza donde la naturaleza acaba <\/i><\/li>\n<li><i>Mar de gracias<\/i><\/li>\n<li><i>Poes\u00eda del intelecto ante el cosmos<\/i><\/li>\n<li><i>Modos de exercitar los oficios de obediencia<\/i><\/li>\n<li><i>Cat\u00f3n de las religiosas<\/i><\/li>\n<li><i>Exercicios de tres que se exercitan en el convento de Santa Rosa de la Puebla de los \u00c1ngeles<\/i><\/li>\n<li><i>Devoci\u00f3n en honra de la Pur\u00edsima leche con que fue alimentado el Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/i><\/li>\n<li><i>De los misterios del Sant\u00edsimo Rosario<\/i><\/li>\n<li><i>Medidas del Alma con Cristo<\/i><\/li>\n<li><i>Leyes del Amor Divino<\/i><\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De forma general, las mujeres intelectuales de la \u00e9poca estaban adscritas a la vida religiosa, ya que era una manera de tener acceso a una mejor y m\u00e1s amplia formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una constante de todos los conventos, los colegios y beaterios de car\u00e1cter docente es que se impart\u00eda una clase de m\u00fasica, por ser considerada un arte acorde con las condiciones y capacidades de la mujer; inclusive algunas instituciones se destacaron por hacer de la m\u00fasica la materia m\u00e1s importante en su ense\u00f1anza y convirti\u00e9ndose en verdaderos conservatorios de m\u00fasica, tal es el caso del Conservatorio de las Rosas en Morelia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En estas instituciones no exist\u00edan planes de estudio obligatorios, de all\u00ed que cada escuela impartiese la ense\u00f1anza de acuerdo con su capacidad y necesidad, ci\u00f1\u00e9ndose siempre a las ceremonias religiosas o a los intereses educativos de cada instituci\u00f3n; la ense\u00f1anza de la m\u00fasica comprend\u00eda primeramente el canto, seguido del estudio de diversos instrumentos musicales, as\u00ed como escribir m\u00fasica e inclusive, componerla; generalmente, las piezas musicales ejecutadas correspond\u00edan a m\u00fasica religiosa y profana (Muriel, 2004).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A pesar de que se formaron varios colegios exclusivamente dedicados a la educaci\u00f3n de las mujeres, las escuelas destinadas a la formaci\u00f3n de los hombres superaban por mucho su n\u00famero y de hecho en las escuelas para varones se daba la oportunidad de cursar estudios superiores, no as\u00ed para el caso de las mujeres, quienes tuvieron poco acceso a la ense\u00f1anza de materias no consideradas \u201cadecuadas\u201d de acuerdo con las creencias dominantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En otros lugares la educaci\u00f3n femenina empez\u00f3 a recibir atenci\u00f3n, ya que, generalmente, los conventos de monjas en provincia ofrec\u00edan ense\u00f1anza rudimentaria de lectura, doctrina cristiana y labores dom\u00e9sticas; en algunas ciudades se construyeron edificios especiales para extender a un mayor n\u00famero la instrucci\u00f3n \u201cm\u00e1s formal\u201d y de \u201cmayor nivel\u201d, como el Colegio de San Diego de Guadalajara (Tanck, 1985); se tiene una idea de la poblaci\u00f3n femenina de los colegios y conventos de esta ciudad, gracias a catorce padrones que se formaron en el a\u00f1o de 1793: monjas 209, colegialas 156 y sirvientas de colegios y conventos 140 (Pa\u0301ez, 1951).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde que la mujer abandonaba la escuela, no recib\u00eda m\u00e1s instrucci\u00f3n que la que su familia le proporcionaba, muy pocas tuvieron acceso a instructores personales de m\u00fasica, idiomas, dibujo y, en alg\u00fan caso lat\u00edn; la mayor\u00eda de las ense\u00f1anzas las recib\u00edan de la madre, con base en su propio ejemplo, sobre el manejo del hogar; algunas aspiraban a profesar como religiosas, o bien, eran enviadas por su familia a educarse en un convento, con el objetivo de instruirse m\u00e1s ampliamente e integrar el grupo selecto de las mujeres que se desempe\u00f1aban como secretarias, cronistas o administradoras de su congregaci\u00f3n; m\u00fasicas, maestras de novicias y responsables de la preparaci\u00f3n de medicinas (Muriel, 1995).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La primera opci\u00f3n para las mujeres que no ten\u00edan acceso a la educaci\u00f3n, era el matrimonio, y de acuerdo con Aguirre (2013) la edad para casarse, entre las capas m\u00e1s amplias de la poblaci\u00f3n, se daba alrededor de los catorce a\u00f1os para los hombres y doce para las mujeres, mientras que la edad para ir a la escuela elemental era de 5 a 12 a\u00f1os para los primeros y de 5 a 10 para las segundas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un peque\u00f1o n\u00famero de ni\u00f1as acced\u00eda a la educaci\u00f3n institucional en los conventos, no obstante, estos lugares tuvieron una fuerte influencia en la ideolog\u00eda de la sociedad novohispana debido a que representaban el ideal de la mejor educaci\u00f3n y de la conducta que las dem\u00e1s deb\u00edan seguir de cerca. Con base en lo anterior, puede afirmarse que las clases econ\u00f3micamente bajas no recib\u00edan educaci\u00f3n alguna, prevaleciendo as\u00ed el analfabetismo, a pesar de que en algunos conventos daban instrucci\u00f3n gratuita a ni\u00f1as de cualquier clase o condici\u00f3n econ\u00f3mica, no fue posible lograr vencer las diferencias sociales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mujeres criollas y espa\u00f1olas por ser las encargadas de preservar tanto las costumbres como el honor de sus familias recibieron una educaci\u00f3n esmerada, la cual no inclu\u00eda, necesariamente, el conocimiento de la lectura y la escritura, pero que era suficiente para adiestrarlas en las funciones que llevar\u00edan a cabo (Gonzalbo, 1990) de acuerdo con su condici\u00f3n femenina, la cual pr\u00e1cticamente era sin\u00f3nimo de inferioridad; de forma particular, estas mujeres eran adiestradas en relaci\u00f3n con su comportamiento ante la sociedad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n y el alfabetismo llegan a las altas esferas, donde las damas de sociedad tambi\u00e9n aprenden algunas artes, tales como: tocar alg\u00fan instrumento musical,\u00a0 pintar el \u00f3leo, bordar al tambor y participar en determinados \u201cjuegos de estrado\u201d en la tertulia; esta forma de educar persistir\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la Independencia (\u00c1lvarez, 1992).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la \u00e9poca exist\u00edan muchos prejuicios sobre los trabajos que deb\u00edan tener las mujeres, pues algunos eran considerados como deshonrosos para las clases sociales media y alta; por ejemplo, para el caso de las mujeres espa\u00f1olas y criollas se consideraba digno: impartir clases de m\u00fasica, tener escuela de \u201camiga\u201d o vender entre una clientela de su misma categor\u00eda las labores de costura, bordado, trabajo de flores artificiales y otras\u00a0 manualidades. Sin embargo, siempre que una se\u00f1ora o joven ten\u00eda que vivir de su trabajo deb\u00eda justificar su actividad con una situaci\u00f3n de extrema necesidad, de modo que ser maestra o costurera era sin\u00f3nimo de ser pobre y desamparada de apoyo varonil (Gonzalbo, 1992).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las principales labores a las que se dedicaban las mujeres pertenecientes a la clase media y media-baja durante el periodo colonial, eran:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ol>\n<li>Due\u00f1as de pulquer\u00edas<\/li>\n<li>Propietarias de peque\u00f1as tiendas<\/li>\n<li>Comerciantes (dedicadas a la venta de frutas, verduras, aves y carnes en la plaza del mercado)<\/li>\n<li>Maestras<\/li>\n<li>Costureras<\/li>\n<li>Planchadoras<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las doncellas o viudas, que constitu\u00edan una mayor\u00eda, ten\u00edan que abandonar el aislamiento dom\u00e9stico (Gonzalbo, 1998; L\u00f3pez, 1985) con la finalidad de poder ganarse la vida mediante un trabajo remunerado, debido a la falta de la presencia masculina que pudiese subsanar sus necesidades.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Asimismo, tambi\u00e9n exist\u00eda entre las mujeres el oficio de impresoras, que refleja su labor profesional, intelectual y econ\u00f3mica; generalmente heredaban la empresa de sus esposos y jugaron un papel decisivo en el desarrollo de la imprenta. Desde 1561, a\u00f1o en que fallece el famoso impresor Juan Pablos (primero en Nueva Espa\u00f1a), Jer\u00f3nima Guti\u00e9rrez, su viuda, se hab\u00eda convertido en el pilar de aquella imprenta; posteriormente la hija de ambos, Mar\u00eda Figueroa, se encarg\u00f3 de dirigir el taller hasta 1597. De igual manera otras viudas, hijas y cu\u00f1adas de los propietarios originales hab\u00edan administrado al menos la mitad de los talleres de tipograf\u00eda establecidos en la ciudad de Puebla un siglo despu\u00e9s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algunas de las mujeres tanto en la \u00e9poca novohispana como en el M\u00e9xico Independiente que ejercieron ese oficio son: Catalina del Valle, quien en 1611 hered\u00f3 la imprenta de Pedro Balli, su marido; Paula Benavides, viuda de Bernardo Calder\u00f3n; Mar\u00eda Rivera de Calder\u00f3n y Benavides (viuda de Miguel de Ribera); Mar\u00eda de Benavides (viuda de Juan de Ribera); Gertrudis Escobar y Vera (viuda de Ribero Calder\u00f3n); Herculana del Villar, fundadora de una importante imprenta hacia 1823; la Viuda de Romero, cuyo taller imprimi\u00f3 en 1825 la <i>Gu\u00eda de Forasteros<\/i> (Hern\u00e1ndez, 1998).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Respecto a la instrucci\u00f3n de la lectura, cuando no hab\u00eda opci\u00f3n de ingresar a una instituci\u00f3n escolar, las madres se encargaban de ense\u00f1ar a leer a sus hijas y a su vez ellas ayudaban en la instrucci\u00f3n de sus hermanas menores; de igual forma, las madres completaban la educaci\u00f3n de sus hijas ense\u00f1\u00e1ndoles las \u201clabores de mano\u201d, tales como: bordar, tejer e hilar, econom\u00eda dom\u00e9stica y la fe cristiana. Las lecturas que les eran permitidas a las j\u00f3venes consist\u00edan en literatura \u201cprofana\u201d y religiosa (Muriel, 1982), las cuales contribu\u00edan a que fuesen formando y acrecentando su cultura; este grupo de mujeres seguramente hab\u00eda egresado de los primeros colegios y al dedicarse a la ense\u00f1anza de sus hijas, cumpl\u00edan con uno de los objetivos para los cuales fueron educadas: ser buenas madres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para el a\u00f1o de 1791 exist\u00edan 80 \u201camigas\u201d y probablemente la mitad de ellas fung\u00eda como un tipo de guarder\u00eda en la cual se ofrec\u00edan rudimentos del catecismo y, cuando mucho, lectura a un promedio de 25 ni\u00f1as y a algunos ni\u00f1os peque\u00f1os; otras \u201camigas\u201d se dedicaban a la ense\u00f1anza de la lectura y escritura a ni\u00f1as m\u00e1s grandes (Tanck, 1985).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los modelos educativos para mujeres que deb\u00edan perseguirse en la Nueva Espa\u00f1a, a imagen de la metr\u00f3poli fueron descritos en dos famosos tratados de educaci\u00f3n: <i>Instrucci\u00f3n de la mujer cristiana <\/i>de Luis Vives (1492-1540), publicado en 1524 (Vives, 1995), que subraya la creencia de la superioridad de lo malo sobre lo bueno, situaci\u00f3n atribuida principalmente a la falta de una buena educaci\u00f3n en la mayor\u00eda de las mujeres. Exig\u00eda una total separaci\u00f3n de los sexos desde la m\u00e1s corta edad y aceptaba normas de moralidad doble, en el rubro de infidelidad marital en favor de los varones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>La perfecta casada<\/i> de Fray Luis de Le\u00f3n (1527-1591) publicado en 1583 (Le\u00f3n, 1993). Constituye una gu\u00eda para las mujeres casadas y c\u00f3mo deben desenvolverse en la casa, en la sociedad y con relaci\u00f3n al marido y la familia. Este libro fue considerado durante varios siglos como una sana fuente de opini\u00f3n y de consejo para esposas j\u00f3venes. Para la mujer casada la perfecci\u00f3n consist\u00eda en conservarse pura y fiel a su marido, encarg\u00e1ndose de los deberes del hogar y procurando ser tan valiosa como una joya para su esposo. Ofrec\u00eda consejos de c\u00f3mo una mujer deb\u00eda administrar los bienes de su esposo, sobre todo exaltaba que deb\u00eda amarlo y apoyarlo en las \u00e9pocas dif\u00edciles, educar a sus hijos, hablar poco e ir a la iglesia frecuentemente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A pesar de que Juan Luis Vives propone mejorar la educaci\u00f3n intelectual, cultural y moral de las mujeres, en su discurso apoyaba la subordinaci\u00f3n de la mujer respecto a los hombres y su condici\u00f3n social inferior; por lo anterior, ambos tratados presentan un arquetipo femenino muy com\u00fan en el pensamiento europeo en general y espa\u00f1ol en particular de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mientras que otros ten\u00edan acceso a la educaci\u00f3n institucionalizada, las escuelas para ni\u00f1os y ni\u00f1as mestizos fueron las calles y los mercados, las fondas y casas de juego, y de vez en cuando, la catequesis, que recorr\u00eda con sus cantos algunos barrios de la ciudad, las procesiones religiosas, las mascaradas serias y burlescas y alg\u00fan solemne acto de fe (Gonzalbo, 1992). Las clases sociales pod\u00edan distinguirse en las actividades de las mujeres indias: ser empleadas dom\u00e9sticas y comerciantes, que dentro de la sociedad eran consideradas denigrantes y no estaban exentas de los abusos de autoridad, adem\u00e1s de mal remuneradas. Pese a tal situaci\u00f3n, representaban una fuerza laboral importante en las ciudades.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Resulta importante mencionar el significado ambivalente que ten\u00eda la mujer india en la \u00e9poca colonial, pues a pesar de ser considerada como un ser inferior -primero por su g\u00e9nero y luego por su condici\u00f3n social-, es vista tanto por los conquistadores como por su propio pueblo como la persona apropiada y apta para servir de portadora y reproductora de los conocimientos sobre las costumbres y tendencias religiosa de un pueblo. De forma general, la educaci\u00f3n femenina en el Virreinato puede ordenarse en tres etapas, de acuerdo con Hierro (2002), cuadro 2:<\/p>\n<p align=\"center\">Cuadro 2.\u00a0 Etapas de la educaci\u00f3n femenina en el Virreinato<\/p>\n<table border=\"1\" cellspacing=\"0\" cellpadding=\"0\">\n<tbody>\n<tr>\n<td width=\"187\">\n<p align=\"center\"><b>Etapa<\/b><\/p>\n<\/td>\n<td width=\"411\">\n<p align=\"center\"><b>Caracter\u00edsticas<\/b><\/p>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"187\">\n<p align=\"center\"><b>Del catecismo<\/b><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"411\">\n<ul>\n<li>\u00a7 Consiste en la educaci\u00f3n de la cultura occidental cat\u00f3lica, es decir, la ense\u00f1anza de las \u201cverdades b\u00e1sicas\u201d, por ejemplo, la explicaci\u00f3n de la existencia humana y de la creaci\u00f3n divina.<\/li>\n<\/ul>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"187\">\n<p align=\"center\"><b>De la cultura media<\/b><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"411\">\n<ul>\n<li>\u00a7 Es el per\u00edodo formativo cuando ya se ense\u00f1a a leer, a escribir y las cuatro reglas de aritm\u00e9tica.<\/li>\n<li>\u00a7 Ense\u00f1anza de los oficios femeninos.<\/li>\n<li>\u00a7 Ense\u00f1anza de la moral.<\/li>\n<li>\u00a7 Esta etapa se llev\u00f3 a cabo en los colegios, los conventos y beater\u00edos, as\u00ed como en las escuelas p\u00fablicas y privadas, tambi\u00e9n en las escuelas llamadas \u201camigas\u201d y en otros colegios e internados.<\/li>\n<\/ul>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td width=\"187\">\n<p align=\"center\"><b>De la educaci\u00f3n superior autodidacta<\/b><\/p>\n<\/td>\n<td valign=\"top\" width=\"411\">\n<ul>\n<li>\u00a7 Para las mujeres los estudios \u201csuperiores\u201d se ten\u00edan que realizar en forma autodidacta siempre bajo la estricta vigilancia de los confesores.<\/li>\n<li>\u00a7 Estos estudios pod\u00edan ser: matem\u00e1ticas, astronom\u00eda, lat\u00edn, griego, m\u00fasica y pintura. Los maestros, particulares generalmente, eran bachilleres de la Real y Pontificia Universidad, o Maestros de Colegios Mayores, siempre hombres.<\/li>\n<li>\u00a7 Esta tercera etapa obviamente estaba reservada para las mujeres de clases sociales altas.<\/li>\n<\/ul>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>Fuente: Elaboraci\u00f3n propia<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El panorama de la \u00e9poca colonial es el de una sociedad desigual, donde pocas mujeres tuvieron acceso a una educaci\u00f3n formal y, por ende, solo un n\u00famero reducido llegaba a leer y escribir y pod\u00eda pagar clases particulares. En este periodo la educaci\u00f3n de la mujer estuvo siempre sujeta a la custodia de un hombre y a la aprobaci\u00f3n social; de igual forma, la educaci\u00f3n superior era para ellas un ideal completamente inalcanzable, pues no se consideraba que tuviesen el potencial \u00f3ptimo para ello, si no que por el contrario, sus actividades deb\u00edan estar ligadas al hogar, el esposo y los hijos. La educaci\u00f3n de las mujeres mexicanas fue un continuo de la \u00e9poca anterior en el siglo XIX, aunque con algunas mejoras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>La educaci\u00f3n de las mujeres en el siglo XIX<\/b><\/p>\n<p>La necesidad de educar a las mujeres forma parte del concepto paternalista de una sociedad que busca cumplir sus propias metas, pero sin considerar los ideales personales o individuales que podr\u00eda tener la mujer para mejorarse a s\u00ed misma (Carner, 2006). La educaci\u00f3n de la mujer encuentra resistencia en todos los grupos sociales, con el argumento de perder la autoridad sobre ellas y el tener que competir por fuentes de trabajo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En los inicios de la vida independiente, la crisis econ\u00f3mica resultante hac\u00eda problem\u00e1tico cubrir siquiera las necesidades b\u00e1sicas de comida y techo; en extensas regiones del territorio nacional, no hab\u00eda la posibilidad de tener ciertos \u201clujos\u201d como escuelas, hospitales y asilos (Staples, 1985); de esta forma, la reestructuraci\u00f3n del pa\u00eds fue un proceso lento que requiri\u00f3 una meticulosa planeaci\u00f3n y ejecuci\u00f3n de planes que permitiesen restablecer el orden social.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el campo de la lectura, tuvieron que dise\u00f1arse nuevas formas de literatura para su consumo, pues comienzan a escribirse y publicarse m\u00e1s novelas y obras de poes\u00eda; para entonces los libros de lectura eran escasos, pero abundaban los peri\u00f3dicos con contenidos pol\u00edticos y culturales, lo cual fortalec\u00eda el inter\u00e9s en los asuntos pol\u00edticos por parte de la poblaci\u00f3n, que incentiv\u00f3 la lectura de un n\u00famero mayor de peri\u00f3dicos, panfletos y los denominados \u201ccatecismos pol\u00edticos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Algunas novelas, poes\u00edas y obras costumbristas en el siglo XIX para la mujer fueron:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 J. Fern\u00e1ndez de Lizardi: <i>La Quijotita y su prima; <\/i>Fernando Calder\u00f3n: <i>Luisa o los votos. <\/i>Florencio del Castillo: <i>Amor y desgracia, Corona de azucenas<\/i> y <i>Hermana de los \u00c1ngeles; <\/i>Fernando Calder\u00f3n: <i>A ninguna de las tres: comedia de costumbres en dos actos; <\/i>Jos\u00e9 Sebasti\u00e1n Segura: <i>Sonetos varios de la musa mexicana; <\/i>Juan D\u00edaz Covarrubias: <i>P\u00e1ginas del coraz\u00f3n: poes\u00edas; <\/i>Vicente Riva Palacio: <i>Monja, casada, virgen y m\u00e1rtir; <\/i>Juan A. Mateos: <i>Sor Ang\u00e9lica; <\/i>Ignacio M. Altamirano: <i>Clemencia, Cuentos de Invierno, Julia, Antonia, Beatriz, Atenea; <\/i>Antonio Plaza: <i>\u00c1lbum del coraz\u00f3n: poes\u00edas; <\/i>Manuel Acu\u00f1a: <i>La gloria: peque\u00f1o poema en dos cantos; <\/i>Juan E. Berbero: <i>Flores del siglo; <\/i>Ireneo Paz: <i>Amor y suplicio; <\/i>Jos\u00e9 Domingo Cort\u00e9s: <i>Poetisas americanas; <\/i>Juan de Dios Peza: <i>La ciencia del hogar: comedia en tres actos y en verso; <\/i>Guillermo Prieto: <i>Musa callejera: poes\u00edas festivas nacionales; <\/i>Vicente Riva Palacio: <i>Calvario y Tabor: novela hist\u00f3rica y de costumbres; <\/i>Juan de Dios Peza: <i>Cantos de hogar; <\/i>Jos\u00e9 T. de Cuellar: <i>La linterna m\u00e1gica: colecci\u00f3n de novelas de costumbres mexicanas, art\u00edculos y poes\u00edas; <\/i>Jos\u00e9 Rosas Moreno: <i>Hojas de rosa: poes\u00eda; <\/i>Jos\u00e9 Mar\u00eda Roa B\u00e1rcena: <i>Diana: poema. <\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El siglo XIX es considerado el siglo de los folletos, cuya inmediata publicaci\u00f3n y consecuente lectura, permit\u00eda tratar los asuntos de manera continua; es fundamental mencionar que la liberalizaci\u00f3n de las leyes de imprenta hizo posible la producci\u00f3n de una gran cantidad de material que serv\u00eda como comunicaci\u00f3n masiva. Como ejemplo basta decir que solamente entre 1820 y 1835 se publicaron m\u00e1s de 3 000 folletos, la mayor\u00eda de los cuales trataban temas referentes a las posibles formas de gobierno para la nueva naci\u00f3n, o conten\u00edan an\u00e1lisis de problemas econ\u00f3micos, cr\u00edticas al sistema colonial, o ataques a los gobernantes y a los espa\u00f1oles (Staples, 1996).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este panorama del siglo XIX, la lectura empieza a tener car\u00e1cter p\u00fablico para las mujeres, reflejado en la aparici\u00f3n de una forma nueva de literatura: las publicaciones peri\u00f3dicas para mujeres, relativas a ellas o que se preocupaban por atraer al p\u00fablico femenino; estas fuentes cobran singular significaci\u00f3n ya que el deficiente y en muchos casos inexistente sistema escolarizado para el considerado \u201csexo d\u00e9bil\u201d convirti\u00f3 a peri\u00f3dicos y revistas en un medio informativo y educativo, aunque no al alcance de todas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de acercarlas a la cultura europea, hac\u00eda a las mujeres, en ocasiones, conscientes de los problemas locales (Alvarado, 1999). A pesar de que no todas las publicaciones ten\u00edan un car\u00e1cter educativo, cumpl\u00edan con una funci\u00f3n primordial: acercar la lectura a las mujeres; les brindaba un panorama m\u00e1s amplio del mundo que las rodeaba y, aunque un alto porcentaje a\u00fan no ten\u00eda acceso a ellas, signific\u00f3 un gran avance si se considera que no hab\u00eda existido ning\u00fan otro intento por ofrecer algo que sirviera a las mujeres; salvo el misal, las mujeres no ten\u00edan opciones de lectura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Resulta interesante el hecho de que la educaci\u00f3n de las mujeres no se considerara exactamente equivalente a su posibilidad de leer y escribir, es decir, estos no eran sus objetivos, sino que, por el contrario estaba encaminada hacia la preocupaci\u00f3n por los buenos modales y por los patrones de una conducta \u201cdecente\u201d o \u201cvirtuosa\u201d, sobre todo en las clases sociales altas; de esta forma, el hecho de saber leer y escribir no era un obst\u00e1culo que salvar para pretender ser aceptadas en sociedad (Mendelson, 1985).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De acuerdo con el Padr\u00f3n de 1842, en el espacio urbano que formaba la Ciudad de M\u00e9xico, el n\u00famero de mujeres superaba 64 mil (P\u00e9rez, 2004) y este correspond\u00eda a 54.5% del total de la poblaci\u00f3n, pero segu\u00eda prevaleciendo la idea de que la finalidad de la educaci\u00f3n de la mujer era: educar a sus hijos, ser la compa\u00f1era id\u00f3nea de su marido y no aburrirse en tertulias u otras reuniones sociales; aunado a lo anterior, las mujeres viv\u00edan en una situaci\u00f3n de marginaci\u00f3n civil, ya que carec\u00edan de derechos civiles y pol\u00edticos que incentivaran un papel social activo, esto es, desenvolverse libremente dentro de la sociedad de la \u00e9poca; un claro ejemplo es que las mujeres solo trabajaban al quedar desamparadas, sin la tutela de un hombre que las mantuviera, ya que de otra forma esto era inadecuado moral y socialmente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de este siglo, en casi toda Latinoam\u00e9rica, la educaci\u00f3n para las mujeres se limit\u00f3 a ense\u00f1ar c\u00f3mo administrar la casa y solucionar los problemas dom\u00e9sticos: lavar, planchar y la crianza de los hijos e hijas. En las clases altas, sin ser generalizado, fueron impartidas clases de ornato: m\u00fasica, pintura e idiomas (Rodr\u00edguez, 2006).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las creencias dominantes exig\u00edan de las mujeres: sofisticaci\u00f3n, piedad, recato, diligencia, decencia, pureza, virtud, sensibilidad, sumisi\u00f3n, obediencia y respeto; de este modo, la educaci\u00f3n reprodujo estos valores considerados v\u00e1lidos para la mujer, los planes de estudio ten\u00edan como finalidad reforzar la identidad de las mujeres como amas de casa, madres y esposas abnegadas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mujeres de la clase popular ten\u00edan acceso a algunas escuelas p\u00fablicas, cuyo n\u00famero depend\u00eda de las bondades del erario; siempre se procuraba dotar primero a los j\u00f3venes, pues su instrucci\u00f3n ten\u00eda prioridad dentro de la familia como dentro de las miras del gobierno y \u00fanicamente cuando las posibilidades econ\u00f3micas lo permit\u00edan, se abr\u00eda un establecimiento destinado a la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as (Staples, 1996). Las \u201camigas\u201d segu\u00edan existiendo, aunque en menor medida y ahora ten\u00edan prohibido recibir en sus instalaciones a ni\u00f1os peque\u00f1os, ya que se buscaba separar completamente la educaci\u00f3n masculina y femenina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de los a\u00f1os veinte, el n\u00famero de clases particulares para adultos aument\u00f3 notablemente en la ciudad de M\u00e9xico y en toda la Rep\u00fablica, por el objetivo de suplir las deficiencias de la ense\u00f1anza recibida en su ni\u00f1ez (Staples, 1994); de manera espec\u00edfica, los t\u00edtulos de partera y de maestra de primeras letras eran accesibles a las mujeres de la \u00e9poca (Staples, 1996; Staples, 2000), partiendo del concepto de que las mujeres, por ser m\u00e1s sensibles, ten\u00edan grandes cualidades en estas \u00e1reas, dichas labores representaron la \u00fanica oportunidad que tuvieron para desenvolverse dentro del espacio econ\u00f3mico y social de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n para 1842, la poblaci\u00f3n con oficio o profesi\u00f3n era apenas mayor a los 48,000 individuos; en el caso de las mujeres, el padr\u00f3n s\u00f3lo registra oficio o actividades para el 16% (10,326) (P\u00e9rez, 1996), de ello se desprende que en la Ciudad de M\u00e9xico del siglo XIX, la mayor\u00eda de las mujeres se dedicaba al servicio dom\u00e9stico, actividad desempe\u00f1ada fundamentalmente por mujeres solteras y viudas; una amplia mayor\u00eda de estas trabajadoras era integrada por mujeres ind\u00edgenas y otros grupos \u00e9tnicos; otros sectores con participaci\u00f3n femenina son: producci\u00f3n artesanal, comercio y un reducido grupo en las consideradas \u201cprofesiones liberales\u201d; en esta \u00faltima rama destacan: maestra, enfermera, partera, due\u00f1a, hacendada, actriz, arrendataria y r\u00e9ditos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es importante subrayar el hecho de que para las mujeres de la Ciudad de M\u00e9xico que formaban parte de las clases populares, de acuerdo con P\u00e9rez (2003), el matrimonio nunca constituy\u00f3 una garant\u00eda de estabilidad econ\u00f3mica, aunque el n\u00famero de mujeres casadas que reportaron alguna actividad en 1842 solo constituye poco m\u00e1s del 14%, esta proporci\u00f3n es indicativa de las condiciones econ\u00f3micas prevalecientes en la \u00e9poca, adem\u00e1s de que la pobreza empuj\u00f3 a las mujeres casadas de estos sectores sociales a salir de sus hogares para buscar un ingreso complementario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dichas ocupaciones, generalmente, eran consideradas como denigrantes, al ser ejercidas por mujeres de clases bajas, tal situaci\u00f3n acentuaba las diferencias sociales entre las mujeres pertenecientes a los distintos estratos. El lugar de las mujeres depend\u00eda de las condiciones econ\u00f3micas que alteraban su posici\u00f3n y, en definitiva, determinaban el papel que podr\u00edan desempe\u00f1ar (Rodas, 1965). El primer intento por incluir a la mujer en los estudios \u201csuperiores\u201d, es decir, no elementales, se produjo el 3 de abril de 1856, con la creaci\u00f3n del primer plantel oficial de educaci\u00f3n secundaria para ni\u00f1as; su plan de estudios estaba dispuesto en bloques de la siguiente forma (L\u00f3pez, 2003):<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>a)\u00a0\u00a0\u00a0 Estudio de religi\u00f3n y moral cristiana y \u201csocial\u201d, cuya ense\u00f1anza deb\u00eda basarse en las m\u00e1ximas del Evangelio y en los autores m\u00e1s acreditados en tan importantes materias.<\/p>\n<p>b)\u00a0\u00a0\u00a0 Gram\u00e1tica castellana, poes\u00eda y literatura.<\/p>\n<p>c)\u00a0\u00a0\u00a0 M\u00fasica, dibujo y nociones de pintura.<\/p>\n<p>d)\u00a0\u00a0\u00a0 Bordado en todos sus ramos, elaboraci\u00f3n de flores artificiales y jardiner\u00eda.<\/p>\n<p>e)\u00a0\u00a0\u00a0 Historia general \u2013antigua y moderna\u2013, historia particular del pa\u00eds y principios generales de historia natural.<\/p>\n<p>f)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Geograf\u00eda f\u00edsica y pol\u00edtica, con hincapi\u00e9 en el aprendizaje de los principios fundamentales del sistema republicano democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>g)\u00a0\u00a0\u00a0 Aritm\u00e9tica y tenedur\u00eda de libros.<\/p>\n<p>h)\u00a0\u00a0 Idiomas: franc\u00e9s, ingl\u00e9s e italiano.<\/p>\n<p>i)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Medicina y econom\u00eda dom\u00e9sticas.<\/p>\n<p>j)\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Educaci\u00f3n f\u00edsica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A pesar de ser un plan de estudios m\u00e1s incluyente respecto a las materias, se hace notable la ausencia del lat\u00edn, que hasta mediados del siglo segu\u00eda siendo la puerta de acceso a la educaci\u00f3n superior; sin embargo, es importante distinguir que, adem\u00e1s de las actividades consideradas propias de las mujeres como las manualidades y la jardiner\u00eda, sobresale la incorporaci\u00f3n de disciplinas cient\u00edficas y sociales, raz\u00f3n que hace que este plan de estudios tenga gran importancia para el avance educativo de las mujeres en nuestro pa\u00eds; comienza a verse una perspectiva de educar a la mujer con contenidos, si no iguales a los de los hombres, al menos s\u00ed para formar a un tipo de mujer distinto, aunque con sus reservas, pues a\u00fan no se le preparaba para el ejercicio de las profesiones de car\u00e1cter liberal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de 1860 a 1870, con la fundaci\u00f3n de las primeras escuelas normales en el pa\u00eds, aparecen las normales dedicadas exclusivamente para mujeres; es importante resaltar que el magisterio es percibi\u00f3 adecuado para la mujer; no va en contra de los ideales, estereotipos e ideolog\u00edas que prevalec\u00edan en la \u00e9poca, es probable que la aceptaci\u00f3n de esta profesi\u00f3n se haya dado por el hecho de que existe gran similitud entre ser madre y ser maestra, pues ambas poseen caracter\u00edsticas an\u00e1logas como son: sensibilidad, tolerancia, cordialidad y benevolencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Anterior a esta \u00e9poca la educaci\u00f3n normal para las mujeres constituy\u00f3 un primer intento de dar a la mujer una mayor y mejor instrucci\u00f3n; por ejemplo, entre las disposiciones emitidas por la Junta Inspectora de Educaci\u00f3n para el estado de Michoac\u00e1n, destaca la del 27 de mayo de 1845, en la cual se\u00f1ala que las mujeres que desearan ingresar a las normales, ten\u00edan que presentar un examen en el que adem\u00e1s de leer, escribir y contar deber\u00edan saber costura y sujetarse a un examen p\u00fablico de ortograf\u00eda, caligraf\u00eda, aritm\u00e9tica razonada, doctrina cristiana e historia sagrada (L\u00f3pez, 2003).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De 1876 a 1910 se dieron enormes avances en la educaci\u00f3n con la introducci\u00f3n de la pedagog\u00eda moderna, la creaci\u00f3n y multiplicaci\u00f3n de escuelas normales, la creaci\u00f3n de carreras t\u00e9cnicas para obreros y el auge de la educaci\u00f3n (Bazant, 1993), avances que repercutieron de forma directa en la educaci\u00f3n y desarrollo de la mujer mexicana de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>Conclusi\u00f3n<\/b><\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b>La evoluci\u00f3n y desarrollo del pa\u00eds, no es concebible sin la significativa participaci\u00f3n de las mujeres. Particularmente en el rubro educativo, el siglo XIX, result\u00f3 fundamental para el fortalecimiento del proceso educativo de las mujeres y un \u201cdispositivo\u201d cient\u00edfico que coadyuv\u00f3 a la transferencia de conocimientos, fueron las revistas femeninas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0<b>Referencias<\/b><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Aguirre, M. E. (2013) <\/em>Una invenci\u00f3n del siglo XIX: La escuela primaria (1780-1890). [en l\u00ednea] Disponible en: URL: <a href=\"http:\/\/biblioweb.tic.unam.mx\/diccionario\/htm\/articulos\/sec_16.htm\">http:\/\/biblioweb.tic.unam.mx\/diccionario\/htm\/articulos\/sec_16.htm<\/a> [Consultado el 22 Octubre 2013]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alvarado, M. L. (1999) La prensa como alternativa educativa para las mujeres de principios del siglo XIX. En: Gonzalbo, P., coord. <i>Familia y educaci\u00f3n en Iberoam\u00e9rica<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p. 267-284.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alvarado, M. L. (2003) La educaci\u00f3n \u201csecundaria\u201d femenina desde las perspectivas del liberalismo y del catolicismo, en el siglo XIX. <i>Perfiles Educativos<\/i>, 25 (102), 40-53.<\/p>\n<p>\u00c1lvarez, G. (1992) La educaci\u00f3n y la cultura en la mujer. En: Galeana P., comp. <i>La condici\u00f3n de la mujer mexicana<\/i> (Tomo 1). M\u00e9xico, UNAM, p. 19-25.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Bazant, M. (1993) <i>Historia de la educaci\u00f3n durante el Porfiriato<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Carner, F. (2006) Estereotipos femeninos en el siglo XIX. En: Ramos, C., coord. <i>Presencia y transparencia de la mujer en la historia de M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p. 39-64.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gonzalbo, P. (1992) Cuestiones de historia de la educaci\u00f3n colonial. <i>Historia de la Educaci\u00f3n<\/i> 11, 21-31.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gonzalbo, P. (1992) Tradici\u00f3n y ruptura en la educaci\u00f3n femenina del siglo XVI. En: Ramos, C., coord. <i>Presencia y transparencia de la mujer en la historia de M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gonzalbo, P. (1996) Mitos y realidades de la educaci\u00f3n colonial. En: Gonzalbo, P., coord. <i>Educaci\u00f3n rural e ind\u00edgena en Iberoam\u00e9rica<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p. 25-38.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gonzalbo, P. (1998) La familia en el M\u00e9xico colonial: Una historia de conflictos cotidianos. <i>Mexican Studies<\/i>, 14 (2), 389-406.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Gunnarsd\u00f3ttir, E. (2001) The Convent of Santa Clara, the elite of social change in eighteenth century. <i>Journal of Latin American Studies,<\/i> 33 (2), 257-90.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hern\u00e1ndez, E. (1998) La prensa femenina en M\u00e9xico durante el siglo XIX. En: Navarrete, L. Aguilar, B., coord. <i>La prensa en M\u00e9xico: Momentos y figuras relevantes (1810-1915)<\/i>. M\u00e9xico, Addison Wesley Longman, p.45-63.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hierro, G. (2002) <i>De la domesticaci\u00f3n a la educaci\u00f3n de las mexicanas<\/i>. 5 ed. M\u00e9xico, Torres Asociados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Infante, L. (2009) Del \u201cDiario\u201d personal al diario de M\u00e9xico, escritura femenina y medios impresos durante la primera mitad del siglo XIX en M\u00e9xico. <i>Destiempos, <\/i>4 (19), 143-67.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Kobayashi, J. M. (1974) <i>La educaci\u00f3n como conquista<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lavrin, A. (1966) The role of the nunneries in the economy of New Spain in the eighteenth century. <i>The Hispanic American Historial Review,<\/i> 46 (4), 371-93.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lavrin, A. (1999) Brides of Christ: Creating new spaces for indigenous women in New Spain. <i>Mexican Studies,<\/i> 15 (2), 225-60.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lavrin, A. (2000) La escritura desde un mundo oculto: Espiritualidad y anonimidad en el convento de San Juan de la Penitencia [en l\u00ednea] Disponible en: URL: <a href=\"http:\/\/www.ejournal.unam.mx\/ehn\/ehn22\/EHN02202.pdf\">http:\/\/www.ejournal.unam.mx\/ehn\/ehn22\/EHN02202.pdf<\/a> [Consultado el 10 de marzo 2013].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le\u00f3n, F. L. (1999) <i>La perfecta casada, cantar de los cantares y poes\u00edas originales<\/i>. M\u00e9xico, Porr\u00faa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>L\u00f3pez, A. (1985) <i>La educaci\u00f3n de los antiguos nahuas<\/i>. M\u00e9xico, SEP.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>L\u00f3pez, L. (1985) Dotaci\u00f3n de doncellas en el siglo XIX. <i>Historia Mexicana,<\/i> 34 (3), 518-40.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>L\u00f3pez, O. (2003) La educaci\u00f3n de mujeres en Morelia durante el Porfiriato. En: Arredondo, M. A., coord. <i>Obedecer, servir y resistir: la educaci\u00f3n de las mujeres en la historia de M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, UPN, Porr\u00faa, p. 177-205.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mendelson, J. (1985) La prensa femenina: La opini\u00f3n de las mujeres en los peri\u00f3dicos de la colonia en la Am\u00e9rica Espa\u00f1ola: 1790-1810. En: Lavrin, A., comp. <i>Las mujeres latinoamericanas: perspectivas hist\u00f3ricas<\/i>. M\u00e9xico, FCE, p. 229-52.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muriel, J. (1974) <i>Los recogimientos de mujeres: Respuesta a una problem\u00e1tica social novohispana<\/i>. M\u00e9xico, UNAM.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muriel, J. (1982) <i>Cultura femenina novohispana<\/i>. M\u00e9xico, UNAM.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muriel, J. (1994) Condiciones socioecon\u00f3micas de la mujer novohispana. <i>G\u00e9nEros, <\/i>1 (3), 27-30.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muriel, J. (1995) <i>Conventos de monjas en la Nueva Espa\u00f1a<\/i>. M\u00e9xico, Jus.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Muriel, J. (2004) <i>La sociedad novohispana y sus colegios de ni\u00f1as: Fundaciones del siglo XVI<\/i>. M\u00e9xico, UNAM.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Osorio, I. (1987) <i>Historia de las bibliotecas novohispanas<\/i>. M\u00e9xico, SEP.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pa\u0301ez, L. (1951) <i>Guadalajara, Jalisco, M\u00e9xico: Su crecimiento, divisio\u0301n y nomenclatura durante la \u00e9poca colonial, 1542-1821<\/i>. Guadalajara, Gr\u00e1fica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P\u00e9rez, M. D. (1995) Beaterios y recogimientos de la mujer marginada en el Madrid del siglo XVIII. En: Ramos, M., coord. <i>El Monacato femenino en el Imperio Espa\u00f1ol. II Congreso Internacional sobre el Monacato Femenino en el Imperio Espa\u00f1ol<\/i>. M\u00e9xico, Centro de Estudios Hist\u00f3ricos, Condumex, p. 381-94.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P\u00e9rez, S. (2003) El trabajo femenino en la Ciudad de M\u00e9xico a mediados del siglo XIX. <i>Signos Hist\u00f3ricos,<\/i> 10, 81-114.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P\u00e9rez, S. (2004) <i>Poblaci\u00f3n y estructura social de la Ciudad de M\u00e9xico, 1790-1842<\/i>. M\u00e9xico, UAM-Iztapalapa, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>P\u00e9rez, S. y Klein, H. S. (1996) La estructura social de la Ciudad de M\u00e9xico en 1842. En: Bl\u00e1zquez. C. Contreras, C. y P\u00e9rez, S., comps. <i>Poblaci\u00f3n y estructura urbana en M\u00e9xico, siglos XVIII y XIX<\/i>. M\u00e9xico: Universidad Veracruzana, UAM-Iztapalapa, p. 251-275.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ricard, R. (1999) <i>La conquista espiritual de M\u00e9xico<\/i><em>. <\/em>M\u00e9xico, FCE.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rodas, L. (1965) <i>Desarrollo hist\u00f3rico de la educaci\u00f3n de la mujer y su situaci\u00f3n actual<\/i>. Guatemala, Universidad de San Carlos de Guatemala.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez, I. (2006) Educaci\u00f3n de las mujeres en el siglo XIX o la construcci\u00f3n de la identidad dom\u00e9stica. <i>Encuentro<\/i>, 38 (73), 97-108.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez, M. J. (2006) Mujer y familia en la sociedad mexica. En: Ramos C., coord. <i>Presencia y transparencia de la mujer en la historia de M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p. 21-38.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sahag\u00fan, B. (1989) <i>Historia general de las cosas de la Nueva Espa\u00f1a<\/i>. M\u00e9xico, CONACULTA.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Staples, A. (1985) Panorama educativo al comienzo de la vida independiente. En: V\u00e1zquez J. Z. Tranck, D. Staples, A. y Arce, F. <i>Ensayos sobre historia de la educaci\u00f3n en M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p.101-144.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Staples, A. (1994) Leer y escribir en los estados del M\u00e9xico independiente. En: <i>Historia de la educaci\u00f3n de adultos en M\u00e9xico: Del M\u00e9xico prehisp\u00e1nico a la Reforma liberal (Tomo 1)<\/i>. M\u00e9xico, INEA, El Colegio de M\u00e9xico, p. 133-177.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Staples, A. (1996) Una falsa promesa: La educaci\u00f3n ind\u00edgena despu\u00e9s de la independencia. En: Gonzalbo, P., coord. <i>Educaci\u00f3n rural e ind\u00edgena en Iberoam\u00e9rica<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p. 53-63.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Staples, A. (2000) Las parteras en el M\u00e9xico decimon\u00f3nico. <i>G\u00e9nEros<\/i>, 7 (21), 27-31.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tanck, D. (1984) <i>La educaci\u00f3n ilustrada: 1786-1836: Educaci\u00f3n primaria en la Ciudad de M\u00e9xico<\/i>. 2 ed. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tanck, D. (1985) Tensi\u00f3n en la torre de marfil: La educaci\u00f3n en la segunda mitad del siglo XVIII mexicano. En: V\u00e1zquez J. Z. Tranck, D. Staples, A. y Arce, F. <i>Ensayos sobre historia de la educaci\u00f3n en M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p. 27-72.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tanck, D. (2003) Escuelas, colegios y conventos para ni\u00f1as mujeres ind\u00edgenas en el siglo XVIII. En: Arredondo. M. A., coord. <i>Obedecer, servir y resistir: la educaci\u00f3n de las mujeres en la historia de M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, UPN, Porr\u00faa, p. 45-62.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Torquemada, J. (1995) <i>Monarqu\u00eda indiana<\/i>. M\u00e9xico, UNAM.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tovar, A. (1996) <i>Mil quinientas mujeres en nuestra conciencia colectiva: Cat\u00e1logo biogr\u00e1fico de mujeres en M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, Documentaci\u00f3n y Estudios de Mujeres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V\u00e1zquez, J. Z. (1985) El pensamiento renacentista espa\u00f1ol y los or\u00edgenes de la educaci\u00f3n novohispana. En: V\u00e1zquez, J. Z. Tanck, D. Staples, A. y Arce, F. <i>Ensayos sobre historia de la educaci\u00f3n en M\u00e9xico<\/i>. M\u00e9xico, El Colegio de M\u00e9xico, p.11-25.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Vives, J. L. (1995) <i>Instrucci\u00f3n de la mujer cristiana. Madrid: Fundaci\u00f3n Universitaria. <\/i>Espa\u00f1a, Universidad Pontificia de Salamanca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOI: https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2014.5.8.5 An approach to the history of the education of Mexican women Mariana C\u00f3rdoba Navarro e-mail: marianacordovan@gmail.com Facultad de Filosof\u00eda y Letras \u2013 UNAM \u00a0 Resumen: La revoluci\u00f3n del conocimiento en los \u00faltimos tres milenios, ha sido posible gracias a la integraci\u00f3n de la mujer en el proceso de ense\u00f1anza &#8211; aprendizaje &#8211; evaluaci\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":80,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":["post-52","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-seccion_general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/52","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=52"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/52\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4718,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/52\/revisions\/4718"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/80"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=52"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=52"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=52"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}