{"id":4496,"date":"2023-08-09T15:47:36","date_gmt":"2023-08-09T21:47:36","guid":{"rendered":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/?p=4496"},"modified":"2024-01-29T11:55:29","modified_gmt":"2024-01-29T17:55:29","slug":"la-mujer-novohispana-en-el-mundo-del-libro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/?p=4496","title":{"rendered":"La mujer novohispana en el mundo del libro"},"content":{"rendered":"<p>DOI: <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2023.14.27.2\">https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2023.14.27.2<\/a><\/p>\n<p><strong>Novohispanic women in the world of books<\/strong><\/p>\n<p><strong>Mar\u00eda de Lourdes Garc\u00eda Valente<\/strong><br \/>\nUniversidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico.<br \/>\nInstituto Tecnol\u00f3gico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Santa Fe<br \/>\n<a href=\"mailto:lourdes.garcia@tec.mx\">lourdes.garcia@tec.mx<\/a><\/p>\n<a href='https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/RUDICSn14v27p29_48.pdf' class='small-button smallblue' target=\"_blank\">PDF<\/a>\n<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p>En la sociedad novohispana, sin importar su clase social, las mujeres se caracterizaban por ser sumisas y se les atribu\u00eda una debilidad y sometimiento de tipo patriarcal y confesional. La mujer con estatus econ\u00f3mico alto ten\u00eda, en general, mejor vida que las menos favorecidas econ\u00f3micamente, incluso un mayor acceso a la cultura. Estas mujeres proven\u00edan de familias poseedoras de ranchos, haciendas o dedicadas al comercio; pod\u00edan ser hijas de m\u00e9dicos, pintores, impresores, entre otros, pero aun as\u00ed sus labores estaban limitadas por su sexo y a lo que su padre o marido decidieran para ellas; recib\u00edan una instrucci\u00f3n b\u00e1sica y eran educadas para casarse y educar a los hijos seg\u00fan los valores de su tiempo.<\/p>\n<p>Palabras clave: mujer novohispana, lectura, escritora, impresoras.<\/p>\n<p><strong>Abstract<\/strong><\/p>\n<p>In New Spain society, regardless of their social class, women were characterized by being submissive and a patriarchal and confessional type of weakness and submission was attributed to them. Women with high economic status generally had a better life than the less economically favored women, including greater access to culture. These women came from families that owned ranches, haciendas, or were engaged in commerce; They could be the daughters of doctors, painters, printers, among others, but even so their work was limited by their sex and by what their father or husband decided for them; they received a basic instruction and were educated to marry and educate their children according to the values of their time.<\/p>\n<p>Keywords: New Spanish woman, reading, writer, printers.<\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El objetivo de esta investigaci\u00f3n es hacer visible a la mujer novohispana en la historia mediante su participaci\u00f3n en la creaci\u00f3n y producci\u00f3n de gran cantidad de libros y documentos, que son el origen de fuentes bibliogr\u00e1ficas, que contribuyen al conocimiento, la cultura y la educaci\u00f3n de \u00e9poca colonial en nuestro pa\u00eds. Hay que destacar que la mujer novohispana desarroll\u00f3 funciones <a id=\"post-4496-_Hlk40629778\"><\/a>como escritora, impresora, librera y mercadera. Estas funciones fueron consideradas por la sociedad colonial como dignas de aprecio y respeto; de esta manera los procesos educativos y culturales se derivan inevitablemente de dichas relaciones cercanas a las letras.<\/p>\n<p>En los conventos femeninos, donde la pr\u00e1ctica de la escritura es frecuente, se producen diversidad de textos que poco a poco han comenzado a conocerse y transformarse en objeto de estudio. Las religiosas, por mandato de los confesores o autoridades eclesi\u00e1sticas, dieron a luz textos de diferentes g\u00e9neros que demostraron la orientaci\u00f3n en su vida espiritual.<\/p>\n<p>A partir de la premisa de que la mujer novohispana se desenvolv\u00eda en una sociedad dominada por la corona espa\u00f1ola, quien a trav\u00e9s de normas y prejuicios reglamentaba cualquier acto de la vida cotidiana, es factible preguntarse si \u00bfser\u00e1n los recogimientos, beaterios o conventos los que permitan y facilitaban una cercan\u00eda entre las mujeres y el libro?, \u00bfes posible en la \u00e9poca novohispana encontrar mujeres lectoras, con dominio de la pluma e impresoras?, \u00bfcu\u00e1l es el motivo por el que la mujer novohispana destaca en los oficios de impresora, librera y mercadera, cuando dichos oficios eran actividades exclusivas de los hombres?<\/p>\n<p>Este estudio se desglosa en tres temas: el primero permite definir a la mujer y conocer el papel de la mujer novohispana en relaci\u00f3n con su educaci\u00f3n dentro de la familia, las escuelas \u201camigas\u201d, los colegios, beaterios, conventos y recogimientos. El segundo, trata sobre qui\u00e9nes eran las mujeres lectoras y cu\u00e1les eran sus lecturas; demuestra que las mujeres tienen una gran producci\u00f3n de escritos que dan cuenta de lo que viv\u00edan en ese momento tanto de car\u00e1cter conventual como espiritual. En el tercero se estudia el papel que la mujer jug\u00f3 en el origen, continuidad y sucesi\u00f3n de los talleres tipogr\u00e1ficos durante el periodo novohispano.<\/p>\n<ol>\n<li><strong>Definici\u00f3n de mujer<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Socialmente, el ser mujer quiere decir femineidad, lo cual significa atractivo para los hombres, lo cual significa atractivo sexual, lo cual a su vez significa disponibilidad sexual en t\u00e9rminos definidos por los hombres. Lo que define a la mujer como tal es lo que atrae a los hombres. Las ni\u00f1as buenas son &#8220;atractivas&#8221;, las malas son &#8220;provocadoras&#8221;. La socializaci\u00f3n de g\u00e9nero es el proceso a trav\u00e9s del cual las mujeres llegan a identificarse a s\u00ed mismas como seres sexuales, como seres que existen para los hombres. Ese proceso a trav\u00e9s del cual las mujeres internalizan una imagen elaborada por los hombres de su sexualidad como su identidad de mujeres; es el proceso por el cual hacen suya esa imagen y no es solo una ilusi\u00f3n (MacKinnon, 1982, p.531).<\/p>\n<p><strong>1.1. La mujer en la sociedad novohispana<\/strong><\/p>\n<p>Desde la \u00e9poca anterior a la conquista, la mujer, adem\u00e1s de las labores \u201cinherentes\u201d a su sexo, particip\u00f3 en la organizaci\u00f3n social y econ\u00f3mica de sus comunidades. Se dedic\u00f3 a las labores del hogar, a la educaci\u00f3n de los hijos, a la administraci\u00f3n familiar, en ciertas \u201cocasiones realizaba trabajos de alba\u00f1iler\u00eda, sacerdotisa, escriba, maestra, partera, m\u00e9dica, bruja o hechicera, astr\u00f3loga, hasta llegar a desempe\u00f1arse como l\u00edderes de pueblo, gobernantas y guerreras\u201d (Hinojosa, 2015, p. 2) y pese a esto, se consider\u00f3 socialmente inferior al sexo masculino, interpretando un papel de poco valor ante la sociedad, la mayor\u00eda de las veces tratada como esclava, objeto de negocio entre las familias e incitadora de los hombres, entre otros.<\/p>\n<p>Con el arribo de los espa\u00f1oles lleg\u00f3 la imposici\u00f3n de un nuevo orden que estuvo presente en todos los espacios. Mijares (2011) menciona que:<\/p>\n<p>Derivado de leyes y preceptos religiosos que las autoridades de la metr\u00f3poli pretendieron imponer en estas tierras, y por la necesidad de los reci\u00e9n llegados de imitar el mundo al que estaban acostumbrados, al adecuarse a las circunstancias geogr\u00e1ficas, econ\u00f3micas y sociales de la Nueva Espa\u00f1a, surge un orden diferente del modelo peninsular (pp. 197-198).<\/p>\n<p>Es innegable que ind\u00edgenas y espa\u00f1oles tuvieron que interactuar resultando los primeros con obvia desventaja por lo que las mujeres ind\u00edgenas quedaron al servicio y abuso de los conquistadores.<\/p>\n<p>Fruto de las relaciones entre espa\u00f1oles, negros e ind\u00edgenas surgieron otras castas. A los hijos de padres blancos e indios se les llam\u00f3 mestizos, a los hijos de padres blancos y negros se les llam\u00f3 mulatos y a los de padres negros e indios se les denomin\u00f3 lobos o zambos.<\/p>\n<p>A pesar de que algunos espa\u00f1oles viv\u00edan con las ind\u00edgenas, generalmente no legalizaban su uni\u00f3n; si eran casados en su patria, la esposa solicitaba su traslado al nuevo mundo, as\u00ed que la esposa se consideraba leg\u00edtima y respetable, mientras que la concubina era objeto de desprecio.<\/p>\n<p>No tardaron las mujeres espa\u00f1olas en llegar: las hab\u00eda damas nobles, valientes, aventureras, tranquilas monjas, todas ellas ten\u00edan una estructura moral com\u00fan. La idea cristiana, la vida con todos sus valores cat\u00f3licos y todas estaban ansiosas de encontrar un lugar en la nueva sociedad: casadas, solteras, recatadas o atrevidas dispuestas a unirse a aquellos hombres ambiciosos, rudos, repentinamente ricos y dispuestos a hacerse de dinero cuanto antes.<\/p>\n<p>Las hubo tambi\u00e9n interesadas en llegar a la Nueva Espa\u00f1a con el fin de ser educadoras y maestras de ni\u00f1as ind\u00edgenas o criollas como Catalina de Bustamante, quien tuvo la misi\u00f3n de ense\u00f1ar a las ni\u00f1as ind\u00edgenas un nuevo modo de vivir, que comprend\u00eda desde su forma de expresi\u00f3n de la lengua castellana, la manera de vestir, las nuevas labores femeninas hasta la forma de conocer las virtudes cristianas.<\/p>\n<p>Factores como la raza, la solvencia econ\u00f3mica, el tipo de ocupaci\u00f3n, la honorabilidad personal y familiar de cada uno de los grupos de mujeres imposibilit\u00f3 la respuesta al arquetipo femenino novohispano, s\u00edmil del renacimiento europeo al que \u00fanicamente acudieron aquellos grupos con una posici\u00f3n alta para educarse en conventos y colegios.<\/p>\n<p>La menci\u00f3n de la mujer novohispana tiende a referirse a la clase media y alta mestizas, criollas y espa\u00f1olas situadas en la c\u00faspide de dicha sociedad.<\/p>\n<p><a id=\"post-4496-_Hlk129201589\"><\/a><strong>1.2. Educaci\u00f3n y cultura femenina novohispana<\/strong><\/p>\n<p>Los impulsores de este contexto fueron Zum\u00e1rraga, Quiroga, Mendoza y los franciscanos; interesados en leyes y disposiciones para crear instituciones como colegios, escuelas y centros de evangelizaci\u00f3n que tuvieran como objeto educar ni\u00f1as para ser esposas y madres cristianas.<\/p>\n<p>Tal es el caso del Colegio de la Madre de Dios, Muriel (2004) dice que por \u00f3rdenes de la emperatriz do\u00f1a Isabel, promotora de la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as ind\u00edgenas, se estableci\u00f3 lo m\u00e1s cerca posible de la iglesia mayor para que el prelado lo atendiese (pp. 71-73); fue Catalina de Bustamante la primera maestra.<\/p>\n<p>As\u00ed que la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as, tanto ind\u00edgenas como espa\u00f1olas, tuvo como objeto principal preparar a las mujeres para ser se\u00f1ora de su casa, esposa y madre, as\u00ed como formar hogares cristianos para lo cual se sum\u00f3 la ense\u00f1anza de las artesan\u00edas femeninas que las mujeres espa\u00f1olas practicaban y por ende en \u201ctodas las instituciones femeninas hubo siempre, como elemento esencial, una sala de labores\u201d (Muriel, 2004, p. 93).<\/p>\n<p><a id=\"post-4496-_Hlk127367739\"><\/a> La ense\u00f1anza que recib\u00edan las ni\u00f1as estaba constituida por oraciones, religi\u00f3n, lectura, bordado, encajes y, en ocasiones, la escritura, que no era algo muy frecuente. Para Gonzalbo (1987) \u201cla aspiraci\u00f3n de que las mujeres conocieran la gram\u00e1tica, aritm\u00e9tica, econom\u00eda dom\u00e9stica y nociones de jurisprudencia, como se suger\u00eda, era algo remoto para una poblaci\u00f3n que s\u00f3lo minoritariamente alcanzaba a cursar estudios comparables a los de una escuela primaria\u201d (p. 38).<\/p>\n<p><a id=\"post-4496-_Hlk127367770\"><\/a> La educaci\u00f3n ten\u00eda como base los textos b\u00edblicos o la literatura propia de la \u00e9poca, <a id=\"post-4496-_Hlk127367762\"><\/a>como <em>La perfecta casada<\/em> de fray Luis de Le\u00f3n, <em>Desenga\u00f1os de religiosas<\/em> de Mar\u00eda la Antigua, <em>Camino de la perfecci\u00f3n<\/em> de Teresa de Jes\u00fas, o el texto de Luis Vives<em> Instrucci\u00f3n de la mujer cristiana<\/em>; estos textos fueron de lectura obligada para la educaci\u00f3n, a los que se sumaron los de las vidas de santos y temas de m\u00fasica.<\/p>\n<p>Las mujeres con posibilidades para desarrollar actividades intelectuales eran las de clase media y alta mestizas, criollas y espa\u00f1olas (con posibilidades econ\u00f3micas), que se dedicaban a la lectura, el bordado y, sobre todo, a las actividades religiosas.<\/p>\n<p>Todas las lecturas eran pasadas por la censura masculina; seleccionadas por padres, hermanos o confesores que autorizaban los libros para la ense\u00f1anza de la ret\u00f3rica, la gram\u00e1tica, el lat\u00edn, la historia, la filosof\u00eda, la teolog\u00eda, la religi\u00f3n, la moral, el catecismo, etc.<\/p>\n<p>Por el a\u00f1o 1537 Zum\u00e1rraga se\u00f1al\u00f3 que la evangelizaci\u00f3n hab\u00eda tenido resultados maravillosos y que la misi\u00f3n enviada por la emperatriz do\u00f1a Isabel, conformada por las religiosas, hab\u00eda sido admirable: \u201cporque las inditas\u2026despu\u00e9s de haber aprendido bien los rudimentos de nuestra Santa Fe, vienen a relatar despu\u00e9s con grand\u00edsimo provecho a sus padres y deudas, lo que les han ense\u00f1ado\u201d (Muriel, 2004, p. 97).<\/p>\n<p>En la Nueva Espa\u00f1a el sistema educativo est\u00e1 compuesto por tres tipos de instituciones para las ni\u00f1as: el familiar, el escolar y el parroquial. El primero se lleva a cabo a trav\u00e9s de las ense\u00f1anzas de personas particulares o de escuela de \u201camigas\u201d, cuyo principal objetivo era el de educar; el segundo se desarrolla a trav\u00e9s de los colegios con el objetivo de instruir a la poblaci\u00f3n femenina, mientras que el tercero se gestiona a trav\u00e9s de la existencia de conventos femeninos con el fin de evangelizar o \u201ceducar religiosamente\u201d a las ni\u00f1as.<\/p>\n<p><a id=\"post-4496-_Hlk127367986\"><\/a><strong>1.3. La familia de la mujer novohispana<\/strong><\/p>\n<p>Las principales responsabilidades de los padres para con los miembros de su familia son la econom\u00eda y los recursos educativos, as\u00ed como la ense\u00f1anza de los valores \u00e9ticos, morales y sociales; el desarrollo psicol\u00f3gico, la salud, las actividades art\u00edsticas, civiles y religiosas; tambi\u00e9n eran importantes las \u201cartes menores\u201d como el bordado, el tejido y la pintura; actividades fundamentales de la vida cotidiana de las mujeres.<\/p>\n<p>Para ello, los padres daban consejos a las hijas, especialmente para escoger marido y evitar convertirse en mujeres perdidas.<\/p>\n<p>Una vez logrado que las mujeres asimilaran las virtudes cristianas ten\u00edan que aprender los oficios m\u00e1s comunes, que muy probablemente desempe\u00f1ar\u00edan en toda su vida, como el de maestra, costurera, hilandera, tejedora, sombrerera, zapatera o vendedora de textiles y cer\u00e1mica. Hay que se\u00f1alar que estos oficios eran desempe\u00f1ados por mujeres privilegiadas.<\/p>\n<p><strong>1.4. Escuelas \u201camigas\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Gran cantidad de ni\u00f1as de las ciudades se ten\u00eda que conformar con una instrucci\u00f3n rudimentaria recibida en su propia casa, otras tantas pod\u00edan aspirar a m\u00e1s conocimientos si dispon\u00edan de profesores adecuados o que entrasen de internas a un convento y debido a que los colegios de ni\u00f1as siempre fueron insuficientes para una poblaci\u00f3n en constantemente aumento surgieron escuelas \u201camigas\u201d, instituciones privadas de menor nivel educativo que daban una instrucci\u00f3n elemental a las ni\u00f1as de corta edad.<\/p>\n<p>Numerosas mujeres se desempe\u00f1aron como maestras en todos los \u00e1mbitos del territorio y realizaban esta labor que tuvo, por su extensi\u00f3n, una importancia extraordinaria en la educaci\u00f3n popular. Estas maestras ejerc\u00edan el oficio de forma privada bajo el t\u00edtulo de \u201camigas\u201d.<\/p>\n<p>En la educaci\u00f3n de las ni\u00f1as casi nunca se inclu\u00eda la aritm\u00e9tica y muy pocas aprend\u00edan la escritura, pero frecuentemente ejercitaban la lectura; lo m\u00e1s importante era la memorizaci\u00f3n del catecismo y la pr\u00e1ctica de labores como la costura, tejido y bordado. Estos fueron los requisitos b\u00e1sicos de una buena educaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>1.5. Colegios<\/strong><\/p>\n<p>En el a\u00f1o de 1526 Fray Pedro de Gante fund\u00f3 la primera escuela para ni\u00f1as en la capital de la Nueva Espa\u00f1a a la que asistieron seiscientas ind\u00edgenas, \u201clas hijas de nobles, o pipiltlin, como de indios del com\u00fan o macehuales, sin distinci\u00f3n fueron ense\u00f1adas en la doctrina cristiana en grupos\u201d (Muriel, 2004, p. 54); se les preparaba para la vida cotidiana y para casarse con j\u00f3venes que hab\u00edan estudiado en la misma escuela.<\/p>\n<p>Por su parte, Fray Toribio de Benavente, Motolinia, estableci\u00f3 en 1528 el primer colegio de ni\u00f1as de Am\u00e9rica en el palacio de Netzahualcoyotzin con do\u00f1a Catalina de Bustamante, que alberg\u00f3 a m\u00e1s de cuatrocientas doncellas; ella, terciaria franciscana (esposa del extreme\u00f1o Diego Tinoco) fue la primera maestra y se distingui\u00f3 por combinar la tarea de aculturaci\u00f3n de las ni\u00f1as ind\u00edgenas con la defensa de su dignidad de mujeres y calidad de personas.<\/p>\n<p>Las ense\u00f1\u00f3 a memorizar el catecismo que los frailes explicaban, a entonar el canto llano y a rezar las Horas de Nuestra Se\u00f1ora. Ella educ\u00f3 a las doncellas para que se unieran en matrimonio con j\u00f3venes varones ind\u00edgenas, de acuerdo con el concepto un\u00edgamo e indisoluble que involucra al matrimonio cristiano, ayud\u00e1ndolas a formarse una nueva conciencia de su calidad de personas, para que no se dejaran regalar o vender por sus padres a los poderosos espa\u00f1oles o caciques ind\u00edgenas (Muriel, 2004, pp. 63-54).<\/p>\n<p>En un principio eran pocas las j\u00f3venes que ten\u00edan el privilegio de la educaci\u00f3n en los colegios de la Nueva Espa\u00f1a, pues estaba restringida a las \u00e9lites; solo hasta finales del siglo XVIII pudieron educarse en estas escuelas ni\u00f1as o j\u00f3venes con pocos recursos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que en los colegios se recib\u00edan a ni\u00f1as espa\u00f1olas, criollas y mestizas, as\u00ed como a hu\u00e9rfanas que deb\u00edan ser cuidadas de los peligros de la sociedad hasta que tuvieran la edad de casarse o tomar el h\u00e1bito.<\/p>\n<p><strong>1.6. Beaterios y beguinages<\/strong><\/p>\n<p>Para hablar de las beatas, mujeres que viven en beaterios, es indispensable remitirnos a su inicio, dado que su vida es similar al de la beguinas (mujeres medievales de los siglos XII y XIII que vivieron en los Pa\u00edses Bajos), cuya caracter\u00edstica principal fue agruparse para vivir juntas en su deseo de entrega a Dios; hicieron a un lado las estructuras de la iglesia cat\u00f3lica, por ello son consideradas el primer grupo feminista de la historia; rehuyeron las ordenes de los hombres que en esas \u00e9pocas dominaban la pol\u00edtica y la religi\u00f3n. No pueden considerarse monjas, pues constitu\u00edan un grupo de mujeres no sometidas a ninguna regla o disciplina; mujeres fieles a s\u00ed mismas lejos de cualquier voto que las reprimiese.<\/p>\n<p>Las beatas o beguinas dedicaban su vida al trabajo y a la oraci\u00f3n, pero no dentro de un monasterio; permanec\u00edan unidas a la religi\u00f3n cristiana, se encargaban de cuidar a los enfermos, a defender a los desamparados, los ni\u00f1os, los ancianos, los enfermos de lepra, la ense\u00f1anza de ni\u00f1as sin recursos, al trabajo manual con materiales textiles; gracias a esto \u00faltimo pod\u00edan financiar su sustento, porque no ten\u00edan ning\u00fan apoyo econ\u00f3mico, por lo que su acci\u00f3n es a\u00fan m\u00e1s destacada; se dedicaban a ello por iniciativa propia.<\/p>\n<p>Estas hermanas practicaban la m\u00fasica, la pintura y la literatura, lo cual pone de manifiesto que pertenec\u00edan a una clase social media o alta. En el \u00e1mbito de la escritura es posible localizar a la \u201cbeata Francisca de los \u00c1ngeles que redact\u00f3 un importante conjunto de cartas entre 1689 y 1736, que muestran la evoluci\u00f3n de su desarrollo espiritual\u201d (Lavrin y Loreto 2002, p\u00e1rr. 3).<\/p>\n<p><strong>1.7. Conventos<\/strong><\/p>\n<p>La mujer novohispana, una vez que transcurr\u00eda su infancia, ten\u00eda varias opciones para pasar del hogar a espacios como escuelas, colegios, recogimientos, beaterios y conventos. Las mujeres que entraban a estos espacios quedaban de cierta manera inmovilizadas y desempe\u00f1aban funciones que determinaban la manera de relacionarse con el mundo.<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n de los colegios o escuelas para ni\u00f1as estaba regida por cierta din\u00e1mica establecida regularmente: iniciaban como beaterios y al poco tiempo se transformaban en colegios o escuelas y m\u00e1s tarde se propiciaba la creaci\u00f3n de conventos, donde las ni\u00f1as adem\u00e1s de ser protegidas eran educadas bajo el r\u00e9gimen escolar y espiritual.<\/p>\n<p>Las moradoras de los conventos fueron mujeres espa\u00f1olas, criollas e indias. En estos conventos lo mismo entraron mujeres de la nobleza de Espa\u00f1a que aquellas nacidas de la conquista, las hijas de los ricos mineros que las de los artesanos, las hijas de los caciques que las de los tamemes o cargadores.<\/p>\n<p>En la Nueva Espa\u00f1a los pobladores y espec\u00edficamente los padres pugnaban porque sus hijas entraran a los claustros y era motivo de orgullo contar con un miembro de la familia dentro del monasterio, entre otras cosas, para que participara en las fiestas de dedicaci\u00f3n, profesiones, recepciones de novicias y en toda ceremonia donde hac\u00edan acto de presencia los virreyes, los miembros de cabildos, los catedr\u00e1ticos universitarios y todos los nobles que exist\u00edan en la ciudad.<\/p>\n<p>Para Gonzalbo (1987) \u201calgunas mujeres espa\u00f1olas, criollas e indias pertenecientes a la nobleza ten\u00edan la posibilidad de pagar dotes de ingreso a los conventos que se hab\u00edan establecido m\u00e1s de 100 a\u00f1os atr\u00e1s la cual consist\u00eda en 4000 pesos. En algunos casos se conced\u00eda un descuento de 1000 o 2000 pesos a las mujeres que ten\u00edan habilidades superiores en m\u00fasica\u201d (p. 243). Fueron destacadas m\u00fasicas las madres Mariana e In\u00e9s de la Cruz del Convento de Jes\u00fas Mar\u00eda; Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, del Convento de San Jer\u00f3nimo que escribi\u00f3 un tratado de arte musical titulado <em>El Caracol<\/em> y Petra de San Francisco fundadora del Convento de Corpus Christi que era una notable baxonista.<\/p>\n<p>Algunas mujeres dispon\u00edan solo de una parte de la dote y pod\u00edan ingresar como profesas y se distingu\u00edan por usar velo blanco, esto era mientras esperaban la ayuda econ\u00f3mica de alguien que pagara el resto; de esta manera alcanzar\u00edan la categor\u00eda de religiosa de coro y velo negro.<\/p>\n<p>Las dos modalidades de patronazgo m\u00e1s importantes fueron: la fundaci\u00f3n de conventos y la dotaci\u00f3n a j\u00f3venes que carec\u00edan de fortuna para entrar a la vida religiosa. Gracias a la segunda forma de patronazgo, Sor Juana In\u00e9s de la Cruz profes\u00f3 en el Convento de San Jer\u00f3nimo.<\/p>\n<p>Era posible entrar a la comunidad conventual como musa personal de una monja o al servicio de la comunidad del convento o al mantenimiento de la iglesia, en la cocina, locutorios y espacio de uso com\u00fan. Para entrar a estos grandes conventos no se exig\u00eda probar limpieza de sangre ni tener instrucci\u00f3n m\u00ednima, lo cual convert\u00eda al convento, en una soluci\u00f3n para una mujer sola.<\/p>\n<p>El convento desempe\u00f1\u00f3 un papel importante durante toda la colonia, mismo que continu\u00f3 hasta la guerra de independencia, no s\u00f3lo en lo que se refiere al aspecto econ\u00f3mico y de estatus social sino tambi\u00e9n en cuanto a que permiti\u00f3 un nivel de vida decoroso para muchas mujeres que viv\u00edan en una sociedad reglamentada por ideales de castidad, honestidad y amparo de la mujer por la figura masculina (Mej\u00eda, 2003, p. 142).<\/p>\n<p>Una vez que la mujer entraba al convento a una vida de religi\u00f3n y clausura deb\u00eda olvidarse del mundo. Profesar es renunciar a todas las cosas creadas para servir solo a su esposo: \u201cDios Nuestro Se\u00f1or\u201d.<\/p>\n<p>En los conventos las mujeres ten\u00edan acceso a las bibliotecas conformadas por libros religiosos m\u00e1s los que se aceptaban en donaci\u00f3n, que incrementaban el acervo. Sig\u00fcenza y G\u00f3ngora (1995) escribi\u00f3 que:<\/p>\n<p>era evidente que al otorgar cargos a las monjas y encomendarles el desempe\u00f1o de diversos oficios se las estaba apartado de ser esposas, madres y amas de casa. Ser\u00e1n ellas, pues, las mujeres profesionistas de la \u00e9poca; en ocasiones las intelectuales, que tendr\u00e1n sus m\u00e1ximos exponentes en una Sor Juana In\u00e9s de la Cruz o una Mar\u00eda Anna \u00c1gueda de San Ignacio, fundadora del Convento de Santa Rosa de la ciudad de Puebla, te\u00f3loga y escritora del siglo XVIII (p. 20).<\/p>\n<p><strong>1.8. Recogimientos<\/strong><\/p>\n<p>Los recogimientos eran casas e instituciones que nacieron como una acci\u00f3n del <em>Estado-Iglesia<\/em> para proteger a las mujeres sin sustento, mujeres solas, mujeres reci\u00e9n llegadas a la nueva Espa\u00f1a; mujeres divorciadas o que estaban en tr\u00e1mites de divorcio, las que no estaban casadas. Las prostitutas (mujeres perdidas, de la vida alegre o enamoradas) y todas aquellas mujeres que necesitaban un techo eran recibidas con el prop\u00f3sito de darles la oportunidad de vivir honestamente, as\u00ed como salvar sus almas y corregirlas. Se les dio recogimiento con el fin de de que aprendieran algunas labores que redituaran los recursos econ\u00f3micos para su sustento. De esta manera la Iglesia y el Estado pod\u00edan vigilar y controlar su comportamiento, as\u00ed como administrar estos recogimientos.<\/p>\n<p>La lucha por la moral p\u00fablica desarrollada a trav\u00e9s de los recogimientos de mujeres fue una labor congruente e ininterrumpida; <em>congruente<\/em>, porque estaba basada en los ideales de vida sostenida por los Estados, la iglesia y el pueblo, para responder de esa manera a las leyes que se crearon. <em>Ininterrumpida<\/em>, porque dependi\u00f3 de lineamientos sin desviaciones, lo que motivo que en los siglos XVI y XVII aumentaran y se multiplicaran estos recogimientos, sin embargo, hay que observar que no permanecieron est\u00e1ticos y fueron variando de acuerdo con las necesidades de cada \u00e9poca, as\u00ed se transformaron de casas de pecadoras a conventos, de albergues de mujeres desamparadas a colegios y casi todos, en el siglo XVIII, en c\u00e1rceles de mujeres; de esta manera perdieron el objetivo inicial marcado por el amor a Dios en raz\u00f3n de la salvaci\u00f3n eterna.<\/p>\n<p>Los recogimientos fueron una de las ramas m\u00e1s importantes dentro de la pol\u00edtica proteccionista que el gobierno espa\u00f1ol desarroll\u00f3 en favor de la mujer. Los recogimientos no se crearon de acuerdo con un plan previo, sino conforme se iban haciendo necesarios; su prop\u00f3sito principal fue ayudar a la mujer a desarrollarse como persona, a tener una vida digna y diferente a la del hombre y por esto tuvieron un com\u00fan denominador: la ayuda y la prevenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para Muriel (1994) lo recogimientos se pueden clasificar en dos clases: los de protecci\u00f3n y ayuda a la mujer y los de correcci\u00f3n. Los primeros son de tipo voluntario y los segundos de tipo penitenciario. Ambos con miras de ayudar y prevenir (p. 45).<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza en los recogimientos se basaba en la oraci\u00f3n y la educaci\u00f3n elemental, as\u00ed como en las labores \u201cmujeriles\u201d como tejer, cocer, hilar y bordar, que de alguna forma beneficiaban el sost\u00e9n econ\u00f3mico.<\/p>\n<p><strong>2. Mujeres lectoras y escritoras<\/strong><\/p>\n<p><strong>2.1. Las lectoras y sus lecturas<\/strong><\/p>\n<p>A la Nueva Espa\u00f1a llegaban los libros autorizados, los que no conten\u00edan herej\u00edas contra la fe de los ind\u00edgenas o las buenas costumbres de los cristianos viejos. La tem\u00e1tica sigui\u00f3 la l\u00ednea de educar y preparar a la mujer para el matrimonio, en ese sentido deb\u00eda leer:<\/p>\n<p>las vidas de los santos y santas, como el <em>Flos sanctorum, <\/em>Las obras de los cl\u00e1sicos cristianos y espa\u00f1oles como fray Luis de Le\u00f3n, fray Luis de Granada, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, el beato Juan de \u00c1vila y las de la madre Mar\u00eda de Jes\u00fas de \u00c1greda, Mar\u00eda de la Antigua y los <em>Libros de Horas. <\/em>No faltaban, desde luego, las obras de Plat\u00f3n, Arist\u00f3teles, Pedro Lombardo y las de Luis Vives, en especial <em>La instrucci\u00f3n de la mujer cristiana<\/em>, que se divulgaron ampliamente. Tambi\u00e9n se le\u00edan libros sobre mujeres c\u00e9lebres como el de Juan P\u00e9rez de Moya. Tratados de aritm\u00e9tica y de m\u00fasica, como los de vihuela que escribieran Miguel de Fuenllana y Luis Narv\u00e1ez (Muriel, 1994, pp. 20-21).<\/p>\n<p>Las mujeres de la \u00e9poca virreinal acostumbraban a realizar la lectura de la ret\u00f3rica, la gram\u00e1tica, el lat\u00edn, historia, filosof\u00eda, teolog\u00eda, religi\u00f3n, moral, catecismo, etc., siempre y cuando estas lecturas estuvieran autorizadas por padres, hermanos o confesores.<\/p>\n<p>En algunas ocasiones se acostumbraba la lectura como entretenimiento; las familias adquir\u00edan como herencia la lectura femenina que servir\u00eda para reforzar la pertenencia a un linaje, generalmente se le\u00edan los libros de la biblioteca familiar; algunas de ellas estaban constituidas por libros formativos de meditaci\u00f3n, de moral cristiana y principalmente las Sagradas Escrituras, los Padres de la Iglesia, vidas ejemplares o bien poes\u00eda, teatro o libros hist\u00f3ricos<strong>.<\/strong> Seg\u00fan Muriel (1994) \u201cLeer y m\u00e1s leer, estudiar y m\u00e1s estudiar, sin m\u00e1s maestros que los mismos libros, ya se ve cu\u00e1n duro es estudiar en aquellos caracteres sin alma, careciendo de la voz viva y explicaci\u00f3n del maestro\u201d (p. 19). Sor Juana describi\u00f3 lo que era el esfuerzo de estudiar sola, sin compa\u00f1eros ni maestros y dio a conocer que las mujeres no entraban a los colegios mayores ni a las universidades.<\/p>\n<p>La posibilidad del saber de la mujer se limitaba a los espacios donde pod\u00eda tener acceso a esta cultura y evidentemente hab\u00eda mujeres lectoras principalmente en los conventos y beaterios, as\u00ed como en la familia, escuelas \u201camigas\u201d, colegios y recogimientos.<\/p>\n<p><strong>2.2. Las escritoras y sus escritos<\/strong><\/p>\n<p>Durante el virreinato las mujeres dedicadas a la escritura se distinguieron por pertenecer a una clase social media alta y aristocr\u00e1tica, adquir\u00edan su cultura desde una educaci\u00f3n elemental donde aprendieron a leer y escribir, las cuatro reglas de la aritm\u00e9tica y los oficios \u201cmujeriles\u201d; si contaban con los medios econ\u00f3micos y ten\u00edan un inter\u00e9s personal se podr\u00edan dedicar a la escritura.<\/p>\n<p>Una peque\u00f1a sociedad de mujeres que lucharon para poder interpretar y expresar una realidad interior y tener la posibilidad de escribir sus deseos fueron aquellas que sab\u00edan que los espacios destinados y privilegiados para ello ser\u00edan los espacios de clausura (conventos y beaterios) donde pod\u00edan dedicar su vida al papel, a la pluma y a la tinta. Seg\u00fan Ferr\u00fas (2006) \u201clas mujeres que acceden al espacio de las letras son siempre \u02bbejemplares\u02bc a los ojos de su confesor y, tambi\u00e9n, ejemplares han de ser sus relatos\u201d (p. 4).<\/p>\n<p>Hay que resaltar que las mujeres escritoras durante el virreinato conformaron un grupo social definido con caracter\u00edsticas de \u00e9lite cultural; sin embargo, hay una profunda diferencia marcada por su tem\u00e1tica y por la manera en la que la abordaban (bi\u00f3grafas, cronistas, poetisas, etc.), as\u00ed como el g\u00e9nero literario de inter\u00e9s que ten\u00eda cada una de ellas.<\/p>\n<p>Ahora bien, por lo que se refiere a las monjas escritoras, estas tuvieron situaciones favorables (como contar con alguna ni\u00f1a o criada que pretendiera educarse con alguna monja y que, al no cumplir con los requisitos para la profesi\u00f3n, se conform\u00f3 con vivir cerca de ella y compartir gran parte de sus obligaciones) como un mayor tiempo para escribir, motivaci\u00f3n para hacerlo, su propia personalidad y un lugar para ello. Sor Juana In\u00e9s de la Cruz le\u00eda, estudiaba y escrib\u00eda dentro de su celda.<\/p>\n<p>En la segunda mitad del siglo XVI destac\u00f3 la presencia de las criollas como el elemento productor de cultura, mundo que se basaba en la fe para producir escritos de santos y santas. Fueron las criollas quienes iniciaron la producci\u00f3n de hagiograf\u00edas, biograf\u00edas y autobiograf\u00edas, adem\u00e1s de la adquisici\u00f3n de una cultura humanista que hizo surgir a las m\u00fasicas y a las poetisas. A su vez, una cultura humanista cristiana desarroll\u00f3 en las criollas un pensamiento cient\u00edfico como el de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz. Las mujeres que escribieron recetas sobre nuestra cocina nacional fueron tambi\u00e9n criollas.<\/p>\n<p>Para Muriel (1994) el mayor n\u00famero de monjas escritoras se encuentra \u201cen M\u00e9xico y Puebla, aunque las hay tambi\u00e9n en Oaxaca, Lagos, San Miguel el Grande y posiblemente tambi\u00e9n en Guadalajara y Valladolid\u201d (p. 497).<\/p>\n<p>Las monjas escrib\u00edan por obediencia, su directora o confesores espirituales les encargaban la redacci\u00f3n de obras relacionadas con la fundaci\u00f3n del convento (cr\u00f3nicas), tambi\u00e9n les solicitaban escribir sobre sus experiencias m\u00edsticas o espirituales (autobiograf\u00eda) o bien se les suger\u00eda escribir sobre la vida de alguna monja (biograf\u00eda) e incluso sobre algunos santos (hagiograf\u00edas), textos que promover\u00edan y har\u00edan p\u00fablica la vida ejemplar de la religiosa, servir\u00edan de modelo moral y doctrinal adem\u00e1s de manifestar las experiencias asc\u00e9ticas y m\u00edsticas de la monja. Lavrin y Loreto (2002) mencionan que:<\/p>\n<p>durante la primera mitad del siglo XVII monjas y beatas produjeron cuadernos de manera m\u00e1s o menos libre, siguiendo las pautas de los confesores o directores espirituales. Esto propuso el surgimiento de un di\u00e1logo entre un locutor (la monja) y un interlocultor (el confesor) que compart\u00edan una vivencia inspirada por Dios. La monja se confesaba y escrib\u00eda sobre s\u00ed misma o sobre su orden y sus hermanas en la religi\u00f3n. Al confesor le correspond\u00eda escuchar, descifrar, ordenar los signos de espiritualidad, y su reinterpretaci\u00f3n (p. 8).<\/p>\n<p><strong>3. La mujer en la imprenta y en el comercio del libro<\/strong><\/p>\n<p>En la historia de la imprenta y el libro uno de los temas menos estudiado es el papel que la mujer jug\u00f3 en el origen, continuidad y sucesi\u00f3n de los talleres tipogr\u00e1ficos durante el periodo novohispano, mujeres que relacionadas con los libros participaron activamente para que las letras se dieran a conocer a trav\u00e9s de la imprenta, la venta (librer\u00edas) y el comercio de estos.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n de la mujer en el negocio probablemente se debi\u00f3 a que las imprentas estaban generalmente instaladas al lado del propio hogar del impresor, lo que implicaba un involucramiento de toda la familia en las tareas del negocio, que permit\u00eda a la mujer mezclar sus obligaciones laborales con las dom\u00e9sticas.<\/p>\n<p>A esos espacios donde se instal\u00f3 el taller dentro del hogar se le conoce con el nombre de <em>casas prensas<\/em>. Eran las mujeres viudas y herederas las que personalmente asumieron la regencia y administraci\u00f3n de sus talleres. Estables (2018) considera que:<\/p>\n<p>exist\u00edan dos requisitos para que una mujer pudiera hacerse cargo de un negocio en la Nueva Espa\u00f1a. En primer lugar, deb\u00eda haber sido declarada emancipada, lo que supon\u00eda no depender econ\u00f3micamente de la autoridad masculina, ya fuera el padre o el esposo. Adem\u00e1s, a la hora de administrar su herencia deb\u00eda mantener su posici\u00f3n de sustento moral de la familia, velando tanto por el patrimonio familiar como por sus familias (p. 45).<\/p>\n<p>Hay que hacer hincapi\u00e9 en que estos oficios, principalmente masculinos, que vinculan a las mujeres y a los libros, desde diferentes \u00e1mbitos, est\u00e1n confirmados en el pie de imprenta con la firma <em>viuda de<\/em>, exceptuando a Feliciana Ruiz, nieta de Juan Ruiz, que firmaba como <em>los herederos de Juan Ruiz<\/em> y a Do\u00f1a Mar\u00eda de Ribera, bisnieta de Paula Benavides, que lo hac\u00eda como <em>Do\u00f1a Mar\u00eda de Ribera<\/em>. Tal como se muestra a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Arnaya, Nicol\u00e1s de. <em>Manval [de] Breves meditaciones, para todo el a\u00f1o. Vtil y provechoso, para las personas que tratan de oracion<\/em>. Mexico : en la Emprenta de la <strong>Viuda de<\/strong> Pedro Balli, Por C[ornelio] A[driano] Cesar, 1611.<\/p>\n<p>Medina, v. 2, p. 52, 258.<\/p>\n<p>Las mujeres continuar\u00edan el negocio familiar conservando un nombre, un estatus y un c\u00edrculo familiar al referirse al nombre del impresor fallecido y utilizar expresiones como \u201c<em>En casa de\u201d<\/em> demostrando su condici\u00f3n de viuda o heredera. Como se observa en la siguiente obra:<\/p>\n<p>Ximenez, Francisco. <em>Qvatro libros. De la natvraleza, y virtvdes de las plantas, y animales que estan receuidas en el vso de Medicina en la Nueua Espa\u00f1a, y la Methodo, y correccion, y preparacion, que para administrallas se requiere con lo que el Doctor Francisco Hernandez ecriuio en lengua Latina. Muy vtil para todo genero de gente q[ue]] viue en esta[n]cias y Pueblos, do[nde] no ay Medicos, ni Botica.<\/em> Mexico : <strong>en casa de<\/strong> la Viuda de Diego Lopez Daualos. V\u00e9ndese en la tienda de Diego Garrido, en la esquina de la calle de Tacuba, y en la Porteria de S[anto] Domingo, 1615.<\/p>\n<p>Medina, v. 2, p. 70, 297.<\/p>\n<p>John Carter Brown Library.<\/p>\n<p><a id=\"post-4496-_Hlk105406565\"><\/a> La primera mujer impresora, que inici\u00f3 la tradici\u00f3n de las actividades tipogr\u00e1ficas, fue Jer\u00f3nima Guti\u00e9rrez o N\u00fa\u00f1ez, quien al quedar viuda de Juan Pablos (primer impresor de la Nueva Espa\u00f1a) tambi\u00e9n se qued\u00f3 con la responsabilidad de administrar el taller y a cargo de su familia. En este mismo siglo encontramos a <a id=\"post-4496-_Hlk105410469\"><\/a>Mar\u00eda de Sansoric viuda de Pedro Ocharte, que imprimi\u00f3 el libro <em>De Institutione Grammatica <\/em>del padre jesuita Manuel Alvarez.<\/p>\n<p>A lo largo del siglo XVII se han identificado 33 imprentas; de ellas, casi la cuarta parte, es decir ocho eran propiedad de mujeres: Catalina del Valle, viuda de Pedro Balli (1610-1617); Mar\u00eda de Espinosa, viuda de Diego L\u00f3pez D\u00e1valos (1612-1615); Ana de Herrera, viuda de Diego Garrido (1625-1630); Paula de Benavides, viuda de Bernardo Calder\u00f3n (1641-1684); In\u00e9s Vasquez Infante, viuda de Juan de Borja y Gandia (1656-1682); Feliciana Ruiz, nieta de Juan Ruiz (1670); Jer\u00f3nima Delgado, viuda de Francisco Rodriguez Lupercio (1683-1696), y Mar\u00eda de Calder\u00f3n Benavides, conocida como Mar\u00eda de Benavides, viuda de Juan Ribera Calder\u00f3n (1684-1700).<\/p>\n<p>Para el siglo XVIII se han identificado siete impresoras: Gertrudis Escobar y Vera, viuda de Miguel de Ribera (1707-1714); \u00c1ngela Ruiz Machorro, viuda de Diego Fern\u00e1ndez de Le\u00f3n (1710); Catalina Cerezo, viuda de Miguel de Ortega y Bonilla (1715-1776); Francisca Reyes Flores (1720-1725), Juana de Le\u00f3n y Mesa, viuda de Francisco de Ribera Calder\u00f3n (1731-1747); Do\u00f1a Mar\u00eda de Ribera, hija de Miguel de Ribera bisnieta de Paula de Benavides (1732-1754), y Rosa Teresa de Poveda, viuda de Joseph Bernardo de Hogal (1741-1755).<\/p>\n<p>En los primeros 25 a\u00f1os del siglo XIX tenemos a Mar\u00eda Fern\u00e1ndez de J\u00e1uregui, hermana de Joseph Fern\u00e1ndez de J\u00e1uregui (1801-1816) y Petra Manjarr\u00e9s y Padilla (1808-1821).<\/p>\n<p>Las impresoras que, adem\u00e1s de tener el taller tipogr\u00e1fico contaban con tienda, conjugando las actividades de imprenta y librer\u00eda son Ana Herrera, Paula Benavides, In\u00e9s Vasquez Infante, Jer\u00f3nima Delgado, Mar\u00eda Benavides, Gertrudis de Escobar y Vera, Juana de Le\u00f3n y Mesa, Catalina Cerezo, Mar\u00eda de Ribera y Do\u00f1a Mar\u00eda Fern\u00e1ndez de J\u00e1uregui que para demostrar dicha funci\u00f3n sol\u00edan colocar en el pie de imprenta de sus impresos <em>viuda de<\/em>, acompa\u00f1ada de la expresi\u00f3n <em>vendese en su tienda, vendese en la calle, vendese en la librer\u00eda de, donde se vende, se hallar\u00e1 en la librer\u00eda de <\/em>y el lugar donde estaba ubicada la imprenta, como se se\u00f1ala en las siguientes obras:<\/p>\n<p>Carta, Gabino. <em>Guia de Confessores, Practica para administrar los Sacramentos en especial el de la Penitencia. En que se facilita el vso de ella; tanto \u00e1 los Confessores, como \u00e1 los Penitentes. Sacada de la Doctrina de Santo Thomas, y de otros muy graves Autores<\/em>. Mexico : Viuda de Bernardo Calder\u00f3n. <strong>Vendese<\/strong> <strong>en su tienda<\/strong> en la calle de San Agustin, 1660.<\/p>\n<p>Medina, v. 2, pp. 344-345, 866.<\/p>\n<p>El tener imprenta y librer\u00eda era una gran oportunidad para vender los libros que se imprim\u00edan en el propio taller, lo producido por las imprentas locales con las cuales se ten\u00edan buenas relaciones, as\u00ed como lo procedente de prensas europeas. Lo que dar\u00eda ventaja a los lectores novohispanos para acceder a un amplio y variado surtido de impresos entre los que se encuentran: breviarios, cartillas, libros lit\u00fargicos, textos de instrucci\u00f3n, confesionarios, sermones, devocionarios, reglas y constituciones, as\u00ed como las publicaciones peri\u00f3dicas que se estaban colocando en el gusto de las personas.<\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El libro fue el medio de educaci\u00f3n y cultura al que la mujer novohispana, con recursos econ\u00f3micos, ten\u00eda acceso en el hogar, las escuelas \u201camigas\u201d, los colegios, beaterios, conventos y recogimientos. El libro como instrumento le permiti\u00f3 a la mujer adquirir conocimiento, asociar ideas, crear nuevos pensamientos que le permitieron desarrollar la capacidad para discernir con conocimiento y raz\u00f3n y as\u00ed encontrar el camino de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La mujer que aprend\u00eda el arte de la lectura ten\u00eda la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos deleit\u00e1ndose con otro tipo de libros que le brindaran placer, esparcimiento y la oportunidad de encontrase as\u00ed misma, obtener autonom\u00eda de criterio y aspiraciones intelectuales. Las primeras lectoras y escritoras surgieron en los espacios religiosos como los beaterios y conventos, que les dieron la oportunidad para tomar la pluma e insertarse en una tradici\u00f3n literaria y en un g\u00e9nero hist\u00f3rico a trav\u00e9s del g\u00e9nero m\u00edstico, que les permiti\u00f3 hablar de s\u00ed, adem\u00e1s de reconocerse y unirse m\u00e1s a Dios.<\/p>\n<p>Hay que destacar que la mujer novohispana desarroll\u00f3 funciones como escritora, impresora, librera y mercadera. Estas funciones fueron consideradas por la sociedad colonial como dignas de aprecio y respeto, de esta manera los procesos educativos y culturales se derivaron inevitablemente de estas relaciones cercanas a las letras.<\/p>\n<p>La mujer recib\u00eda esta educaci\u00f3n en las escuelas \u201camigas\u201d, los colegios y recogimientos donde se le permit\u00eda aprender a leer, a escribir, las cuatro reglas de la aritm\u00e9tica y los oficios \u201cmujeriles\u201d. De acuerdo con los intereses personales y las condiciones de anuencia del padre. Los medios econ\u00f3micos marcaban una importante diferencia para contar con la posibilidad de participar en colegios de estudios superiores o conventos y aspirar a una cultura superior.<\/p>\n<p>Las mujeres continuadoras del negocio familiar, relacionado con los libros, participaron activamente para que las letras se dieran a conocer a trav\u00e9s de la imprenta, la venta y el comercio de estos.<\/p>\n<p>Se trata de mujeres que adquirieron visibilidad una vez que heredaron el negocio familiar; se pusieron al frente del taller con la responsabilidad de administrarlo y a cargo del sustento de la familia. Estas mujeres impresoras y mercaderas dieron a conocer su nombre en el pie de imprenta de los libros que producen, editan o venden.<\/p>\n<p>Pod\u00edan o no participar en la actividad diaria del taller, pero lo cierto es que ejerc\u00edan una funci\u00f3n importante que se llevaba a cabo en el \u00e1mbito privado de los talleres, las que ten\u00edan hijos menores de edad los involucraban para que fueran adquiriendo conocimiento del negocio y al fallecer ellas, dieran continuidad al legado familiar como el caso de Paula Benavides, a quien se considera la iniciadora de un legado que perdurar\u00eda hasta 1816 cuando muere su trastaranieta Mar\u00eda Fern\u00e1ndez de J\u00e1uregui, quien fuera bisnieta de su hijo Miguel de Rivera Calder\u00f3n y Getrudis de Escobar y Vera.<\/p>\n<p>Estas mujeres son las antecesoras de las mujeres emprendedoras que conocemos hoy d\u00eda, porque tomaron el reto de dirigir el negocio familiar, as\u00ed como ser capaces de idear nuevas estrategias para competir con otros talleres de su tiempo al grado de que algunas de ellas renovaron los privilegios que anteriormente se les hab\u00edan asignado a sus esposos o bien adquirir algunos nuevos. Tarea nada sencilla ni para los mismos impresores, porque esto involucraba tener buenas relaciones con las autoridades eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>Su taller ten\u00eda gran relevancia, porque lograron imprimir obras de gran valor hist\u00f3rico de autores sobresalientes del c\u00edrculo de la alta cultura como Sor Juana In\u00e9s de la Cruz y Carlos de Sig\u00fcenza y G\u00f3ngora.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Ferr\u00fas, B. (2006). Porque fuimos monjas. Mujer y silencio en el barroco de indias. <em>Voz y letra: revista de literatura.<\/em> <em>17<\/em>(2), 59-76. <a href=\"https:\/\/cositextualitat.uab.cat\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/Porque_fuimos_monjas.pdf\">https:\/\/cositextualitat.uab.cat\/wp-content\/uploads\/2011\/03\/Porque_fuimos_monjas.pdf<\/a><\/p>\n<p>Gonzalbo, P. (1987). <em>Las mujeres en la Nueva Espa\u00f1a: educaci\u00f3n y vida cotidiana.<\/em> El Colegio de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Hinojosa, L. E. (2015, noviembre 1). La mujer vista por cronistas en tiempos novohispanos. <em>El tlacuache<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.academia.edu\/18451025\/La_mujer_vista_por_cronistas_en_tiempos_novohispanos\">http:\/\/www.academia.edu\/18451025\/La_mujer_vista_por_cronistas_en_tiempos_novohispanos<\/a><\/p>\n<p>Lavrin, A. y Loreto, R. (Eds.). (2002). <em>Monjas y beatas: la escritura femenina en la espiritualidad barroca novohispana, siglos XVII y XVIII.<\/em> Benem\u00e9rita Universidad Aut\u00f3noma de Puebla; Archivo General de la Naci\u00f3n.<\/p>\n<p>MacKinnon, C. (1982, spring) Feminism, marxism, method, and the state: an agenda for theory. <em>Signs,<\/em> 7(3), 515-544.<\/p>\n<p>Mej\u00eda, D. I. (2003, julio-diciembre). Las monjas novohispanas. Un acercamiento al papel de los conventos en la conformaci\u00f3n de una imagen femenina. <em>Caleidoscopio<\/em>, (14)<em>,<\/em> 131-152. <a href=\"https:\/\/revistas.uaa.mx\/index.php\/caleidoscopio\/article\/view\/425\/403\">https:\/\/revistas.uaa.mx\/index.php\/caleidoscopio\/article\/view\/425\/403<\/a><\/p>\n<p>Mijares, I. (2011). Rese\u00f1a de la obra de Pilar Gonzalbo Aizpuru, Vivir en la Nueva Espa\u00f1a. Orden y desorden en la vida cotidiana. <em>Estudios de Historia Novohispana,<\/em> (45)<em>,<\/em> 197-202. <a href=\"http:\/\/www.revistas.unam.mx\/index.php\/ehn\/article\/view\/28090\/25960\">http:\/\/www.revistas.unam.mx\/index.php\/ehn\/article\/view\/28090\/25960<\/a><\/p>\n<p>Muriel, J. (1994). <em>Cultura femenina novohispana<\/em>. UNAM. Instituto de Investigaciones Hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Muriel, J. (2004). <em>La sociedad novohispana y sus colegios de ni\u00f1as <\/em>(2a ed.)<em>. <\/em>UNAM. Instituto de Investigaciones Hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Sig\u00fcenza y G\u00f3ngora, C. (1995). <em>Para\u00edso occidental. <\/em>Conaculta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOI: https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2023.14.27.2 Novohispanic women in the world of books Mar\u00eda de Lourdes Garc\u00eda Valente Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico. Instituto Tecnol\u00f3gico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Santa Fe lourdes.garcia@tec.mx Resumen En la sociedad novohispana, sin importar su clase social, las mujeres se caracterizaban por ser sumisas y se les atribu\u00eda una debilidad y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4504,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11],"tags":[],"class_list":["post-4496","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-seccion_general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4496","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4496"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4496\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4498,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4496\/revisions\/4498"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4504"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4496"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4496"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4496"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}