{"id":256,"date":"2012-07-01T01:40:12","date_gmt":"2012-07-01T01:40:12","guid":{"rendered":"http:\/\/distancia.cuautitlan2.unam.mx\/rudics\/?p=256"},"modified":"2024-01-22T18:24:58","modified_gmt":"2024-01-23T00:24:58","slug":"j-2012-lo-personal-es-politico-mujeres-militancia-y-feminismo-en-los-setenta-en-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/?p=256","title":{"rendered":"\u00bfLo personal es pol\u00edtico? Mujeres: militancia y feminismo en los setenta en Argentina"},"content":{"rendered":"<p>DOI:\u00a0<a href=\"https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2012.3.5.2\">https:\/\/doi.org\/10.22201\/fesc.20072236e.2012.3.5.2<\/a><\/p>\n<h2><span style=\"font-size: 1.5em; line-height: 1.5em;\">Is personal political? Women: militancy and feminism in the 70&#8217;S in Argentina<\/span><\/h2>\n<p>Vanesa Garbero<br \/>\nUniversidad Nacional de C\u00f3rdoba, Argentina<\/p>\n<a href='https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/CAP%C3%8DTULO-3-VOLUMEN-5.pdf' class='small-button smallblue' target=\"_blank\">PDF<\/a>\n<p><a href=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_04.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-257\" src=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_04.jpg\" alt=\"lopersonalespolitico_04\" width=\"213\" height=\"237\" \/><\/a><\/p>\n<h3>Resumen<\/h3>\n<p>El trabajo considera el tema de la militancia de las mujeres en organizaciones pol\u00edtico-militares en los a\u00f1os setenta y de qu\u00e9 manera se relaciona con el movimiento feminista. En los sesenta y setenta existi\u00f3 un di\u00e1logo entre las mujeres militantes de los partidos de izquierda, del peronismo y las mujeres militantes de las organizaciones feministas. Hubo puntos de contactos como la \u201cdoble militancia\u201d, el origen de grupos feministas dentro de los partidos pol\u00edticos y los v\u00ednculos establecidos entre partidos y colectivos feministas. Pero tambi\u00e9n hubo un rechazo por parte de las organizaciones pol\u00edticas de izquierda a sumar en sus agendas las demandas de las feministas. Las prioridades y ejes de lucha eran otros y los reclamos feministas fueron etiquetados de \u201cburgueses y proimperialistas\u201d. En todo caso, las reivindicaciones por las que ven\u00edan luchando las mujeres (aun las que militaban en los partidos pol\u00edticos\u2013militares) pueden ser consideradas una vez lograda la revoluci\u00f3n. Entonces, \u00bfhasta qu\u00e9 punto lo personal es realmente pol\u00edtico en la Argentina de los setenta?<\/p>\n<h3>Abstract<\/h3>\n<p>The paper considers the issue of militancy of women in political-military organizations in the 70s and how it relates to the feminist movement. In the 60s and 70s there was a dialogue between activist women of the leftist parties, the Peronists and women members of feminist organizations. There were points of contact as the &#8220;dual membership&#8221;, the origin of women&#8217;s groups within political parties and the links established between parties and feminist groups. But there was also a rejection of leftist political organizations to include in their agendas the feminists&#8217; demands. The priorities and lines of battle were different, and feminist claims were labeled &#8220;bourgeois and pro-imperialist.&#8221; In any case, claims that women had been fighting (even those who were active in military political parties) could be considered once the revolution was achieved. So, up to what point is personal truly political in Argentina, in the seventies?<\/p>\n<h3>Palabras Clave:<\/h3>\n<p>Mujeres, partidos de izquierda, movimiento feminista, d\u00e9cada de los setenta, Argentina.<\/p>\n<h3>Key Words:<\/h3>\n<p>Women, Left parties, feminist movement, 70&#8217;s, Argentina.<\/p>\n<h3><a id=\"introduccion\" name=\"introduccion\"><\/a>INTRODUCCI\u00d3N<\/h3>\n<div id=\"imagen-der\"><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>En este trabajo nos proponemos reflexionar en torno a los estudios existentes sobre la militancia en organizaciones pol\u00edtico-militares de las mujeres enla d\u00e9cada de los a\u00f1os setenta y relacionarlos con los avances y retrocesos del movimiento feminista, en esa misma d\u00e9cada, en la Argentina. A su vez, proponemos repensar el lema de la segunda ola del feminismo \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d a la luz de los acontecimientos pol\u00edticos y sociales sucedidos durante esos a\u00f1os.<\/div>\n<div id=\"imagen-principal\"><\/div>\n<h3><a id=\"metodo\" name=\"metodo\"><\/a><strong>S\u00cdNTESIS DEL CONTEXTO POL\u00cdTICO<\/strong><\/h3>\n<p>Con la ca\u00edda del segundo gobierno de Per\u00f3n en el \u201855 y la proscripci\u00f3n del justicialismo, se dio inicio a un proceso social que llev\u00f3 a vastos sectores de la sociedad a movilizarse y organizarse contra los gobiernos de facto. Pero es desde fines de los sesenta y durante toda la d\u00e9cada del setenta cuando la Argentina transit\u00f3 una etapa de contestaci\u00f3n social y radicalizaci\u00f3n pol\u00edtica sin antecedentes.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_01.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-258\" src=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_01.jpg\" alt=\"ROSIE THE RIVETER\" width=\"229\" height=\"300\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En mayo de 1969, con el estallido del cordobazo se dio origen a una intensa ola de protestas sociales que se extendi\u00f3 hasta mediados de la d\u00e9cada siguiente. Al estar abolidas las condiciones legales para llevar adelante el cambio revolucionario, muchas de las asociaciones de izquierda vieron como camino la formaci\u00f3n de grupos armados. Se destacan las organizaciones: Montoneros (iniciada en 1970) y el Ej\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo (-ERP- fundada en 1968). Coincidimos con las reflexiones de Calveiro (2005) en cuanto a que la lucha armada surgi\u00f3 como respuesta a la estructura de poder ileg\u00edtima, en un contexto de descr\u00e9dito de la legitimidad de la democracia. As\u00ed tambi\u00e9n nos parecen acertadas las reflexiones expuestas por Cornejo y Bustos Moreschi (2011) en tanto entender estos episodios como reflejo de la \u201cviolencia desde abajo\u201d, en respuesta a la \u201cviolencia del Estado\u201d. En suma, estas manifestaciones fueron reflejo del fracaso del proyecto autoritario de la Revoluci\u00f3n Argentina (1966-1973) en su intento por superar la inestabilidad pol\u00edtica, social y econ\u00f3mica (Gramm\u00e1tico, 2009).<\/p>\n<p>Luego de 18 a\u00f1os de proscripci\u00f3n, el peronismo vuelve a gobernar en 1973 por medio del Frente Justicialista de Liberaci\u00f3n. S\u00f3lo un a\u00f1o despu\u00e9s, en julio de 1974, muere Per\u00f3n y lo sucede su vicepresidenta y esposa, Mar\u00eda Estela Mart\u00ednez. En ese marco, los sectores econ\u00f3micos avanzaron en el control de la renta a trav\u00e9s de medidas antipopulares y disciplinarias a los trabajadores y trabajadoras, \u201c<em>las clases dominantes desplegaron su ofensiva hacia los sectores populares, tanto en los aspectos econ\u00f3mico e institucional como en el militar<\/em>\u201d (Mar\u00edn, 2003 cit. por Rodr\u00edguez Ag\u00fcero, 2009:112). Estos sectores no tardaron en responder. Es importante observar que fue ya desde el tercer gobierno peronista (1973-1976) cuando comenz\u00f3 la represi\u00f3n ilegal y la violencia estatal \u201c<em>a trav\u00e9s de acciones cada vez m\u00e1s indiscriminadas de los grupos parapoliciales, alentados y organizados desde el mismo aparato del Estado<\/em>\u201d (Servetto, 2004:2).<\/p>\n<p>En marzo de 1976 se puso en marcha un plan sistem\u00e1tico para \u201c<em>neutralizar a la mayor\u00eda de las organizaciones populares y disuadir cualquier tipo de oposici\u00f3n al proyecto refundacional<\/em>\u201d (Servetto, 2004:144). Se instal\u00f3 lo que se conoce como Terrorismo de Estado, que implic\u00f3 la utilizaci\u00f3n del poder represivo del Estado y su aparato, despojando a los ciudadanos de todos sus derechos civiles y libertades p\u00fablicas, anulando las garant\u00edas constitucionales y marginando el Poder Judicial (Servetto, 2004). La dictadura militar en la Argentina (1976-1983) vici\u00f3 de miedos, censura, violencia, impotencia e indefensi\u00f3n pol\u00edtica a la vida de los ciudadanos; desarticul\u00f3 los v\u00ednculos que sostienen a las personas en situaciones de cat\u00e1strofe social (Caviglia, 2006), destruy\u00f3 las organizaciones de los sectores populares, afect\u00f3 el compromiso participativo, las redes de solidaridad y provoc\u00f3 un retraimiento a la vida individual (Servetto, 2004).<\/p>\n<h3><a id=\"procedimiento\" name=\"procedimiento\"><\/a>SIN EMBARGO, LAS MUJERES<\/h3>\n<p>Extra\u00f1amente, si el Terrorismo de Estado ech\u00f3 por tierra las propuestas revolucionarias en el plano pol\u00edtico, no pas\u00f3 lo mismo en otros aspectos como en los familiares, morales, los relativos a los estilos de vida, a la vida cotidiana, a la \u201csituaci\u00f3n\u201d de las mujeres. Los movimientos culturales, pol\u00edticos e intelectuales dieron pie a una nueva forma de relaci\u00f3n entre varones-mujeres y familiares, de entender al amor, la sexualidad y sobre todo el reconocimiento de nuevos roles para las mujeres en los \u00e1mbitos pol\u00edticos y laborales. Se model\u00f3, as\u00ed, una nueva sensibilidad moral. Estas transformaciones acontecidas durante los sesenta y los setenta son entendidas por algunas autoras, como es el caso de Cosse (2009), en t\u00e9rminos de revoluci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>Eran tales las trasformaciones que causaban a la vida diaria los acontecimientos pol\u00edticos, que era imposible escindirse. La cotidianidad estaba demasiado entrelazada con los fen\u00f3menos y acontecimientos p\u00fablicos. A continuaci\u00f3n destacamos algunos cambios importantes que, si bien repercutieron en toda la sociedad, consideramos que fueron relevantes en especial para las mujeres.<\/p>\n<p>Se inici\u00f3 la \u201clibertad sexual\u201d de la mano del uso extensivo (en las clases medias) de las pastillas anticonceptivas, las relaciones prematrimoniales y la decisi\u00f3n de separaci\u00f3n en caso de que la pareja no funcione -el divorcio hab\u00eda sido suspendido- (Barrancos, 2008). La aparici\u00f3n y uso de la p\u00edldora anticonceptiva fue muy importante porque \u201c<em>separa as\u00ed los v\u00ednculos afectivos, la experiencia amatoria, de la obligaci\u00f3n reproductiva<\/em>\u201d (2008:138). As\u00ed tambi\u00e9n, la \u201c<em>divulgaci\u00f3n del psicoan\u00e1lisis facilit\u00f3 que temas de \u00edndole privada como la sexualidad, la pareja y la maternidad se convirtieran en cuestiones posibles de discusi\u00f3n p\u00fablica<\/em>\u201d (Gramm\u00e1tico, 2009:41).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el plano laboral y profesional, a\u00fan cuando el mercado laboral sigui\u00f3 segmentando por sexo, los trabajos ocupados por mujeres aumentaron (2008). Entre 1960 y 1970, \u201c<em>la poblaci\u00f3n femenina econ\u00f3micamente activa se duplic\u00f3 con creces en relaci\u00f3n con el total<\/em>\u201d (Rechini de Lattes, 1980; Wainerman, 1979 cit. por Cosse, 2009:173). En especial para las amplias clases medias, las modificaciones en las formas de consumo abrieron paso a la adquisici\u00f3n de ciertos productos, como son los electrodom\u00e9sticos, que posibilitaron una vida hogare\u00f1a m\u00e1s agradable y mayores chances para las mujeres de destinar el tiempo ocioso a otros tipos de tareas.<\/p>\n<p>La incorporaci\u00f3n masiva de las mujeres tambi\u00e9n se destaca en el \u00e1mbito acad\u00e9mico. En la d\u00e9cada de los setenta, el 44 % de las matr\u00edculas universitarias era femenina (Barrancos, 2008) y no s\u00f3lo en carreras ocupadas en su mayor\u00eda por ellas, sino tambi\u00e9n en otras como Derecho y Medicina (Cosse, 2009). En el plano demogr\u00e1fico, \u201c<em>los cambios en las relaciones familiares y la sexualidad se reflejaron en el aumento de la consensualidad (que creci\u00f3 del 7 % en 1960 al 9,5 % en 1970) y en los nacimientos ileg\u00edtimos, que saltaron del 24 % en 1960 al 30 % en 1980 (no hay informaci\u00f3n para los setenta) en el conjunto del pa\u00eds\u2026<\/em>\u201d (Cosse, 2009:173).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_03.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-259\" src=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_03.jpg\" alt=\"lopersonalespolitico_03\" width=\"300\" height=\"450\" srcset=\"https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_03.jpg 300w, https:\/\/virtual.cuautitlan.unam.mx\/rudics\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/lopersonalespolitico_03-200x300.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En lo referente a los mandatos de g\u00e9nero, durante los \u00faltimos a\u00f1os de los sesenta y principios de los setenta, emergi\u00f3 un nuevo modelo femenino en el que se \u201c<em>enaltec\u00eda las figuras de mujeres j\u00f3venes, que aceptaban el deseo sexual, con expectativas de desarrollo en el terreno profesional y laboral y proyectos vitales que trascend\u00edan el matrimonio y el hogar<\/em>\u201d (Cosse, 2009:172). Cedi\u00f3 el dominio absoluto el modelo de la mujer como quien se ocupaba exclusivamente de la casa, cuya realizaci\u00f3n era la maternidad, pasiva en el plano econ\u00f3mico y por lo tanto dependiente absoluta del hombre en su condici\u00f3n de \u2018proveedor\u2019. El an\u00e1lisis de las representaciones demuestra que se erosionaron las ideas que vinculaban la dignidad de las mujeres a pertenecer a una familia constituida como matrimonio heterosexual con durabilidad \u2018hasta que la muerte los separe\u2019 y otras ideas, como por ejemplo las que vinculaban la decencia con la virginidad (Cosse, 2009).<\/p>\n<p>Tal como apunta Barrancos (2008), este modelo se ha ido reconfigurando de manera sucesiva desde los a\u00f1os veinte con la aparici\u00f3n de la \u201cmujer moderna\u201d que, si bien no modific\u00f3 de ra\u00edz los mandatos instituidos, logr\u00f3 introducir modificaciones en el estilo femenino. Tambi\u00e9n por los a\u00f1os veinte se logr\u00f3 la primera reforma civil de gran relevancia, \u201c<em>\u00e9stas tuvieron derecho a elegir educaci\u00f3n, profesionalizarse y trabajar sin la anuencia marital, tambi\u00e9n podr\u00edan administrar sus bienes y testimoniar sin la autorizaci\u00f3n del c\u00f3nyuge, pero todav\u00eda era necesaria la firma del marido cuando se trataba de transacciones referidas a sus bienes<\/em>\u201d (2008:100).<\/p>\n<p>Sin embargo, este periodo puede ser le\u00eddo de otra manera porque a pesar de todos estos avances o luchas ganadas \u201c<em>\u2026casi no se movi\u00f3 la expectativa diferencial que hac\u00eda de la mujer la principal protagonista del hogar, apenas pudo mitigarse con el enorme derrame de manifestaciones psicol\u00f3gicas vivido en esos a\u00f1os, y que tambi\u00e9n expresaba una fuerte participaci\u00f3n de las \u2018nuevas mujeres<\/em>\u2019\u201d (Barrancos, 2008:143). Aun en medio de estas transformaciones culturales, socialmente se juzgaba a las mujeres que ten\u00edan hijos como \u201cverdaderas madres\u201d o \u201cmadres problem\u00e1ticas\u201d, seg\u00fan decid\u00edan apostar por su realizaci\u00f3n personal y profesional y asegurarse autonom\u00eda o renunciar a todo lo que \u201cse interponga\u201d con la atenci\u00f3n del hogar y crianza de los hijos (Barrancos, 2008). As\u00ed tambi\u00e9n aparecen contradicciones al analizar estas transformaciones y su peso relativo a la luz de las clases sociales. surgen m\u00e1s cuestionamientos cuando se analiza la baja visibilidad de los movimientos feministas y de otras organizaciones como la de gays y l\u00e9sbicas (Cosse, 2009). Estos aspectos son pocos ejemplos de olas y contra olas de los cambios acontecidos en pos de avanzar hacia un verdadero reconocimiento a la mujer.<\/p>\n<h3><a id=\"resultados\" name=\"resultados\"><\/a>MUJERES: MILITANCIA EN ORGANIZACIONES POL\u00cdTICAS Y FEMINISMO EN LOS SETENTA EN LA ARGENTINA.<\/h3>\n<p>Los acontecimientos descritos en los p\u00e1rrafos anteriores forman parte del contexto que posibilit\u00f3 el accionar de la generaci\u00f3n de mujeres que nos interesan en este an\u00e1lisis concreto. Hay que sumar al estudio las repercusiones del Mayo Franc\u00e9s y de la contracultura estadounidense que acompa\u00f1\u00f3 al movimiento contra la guerra de Vietnam, las repercusiones de la aparici\u00f3n en escena del feminismo que logr\u00f3 irrumpir en los pa\u00edses desarrollados (Vassallo, 2009) y los derechos conseguidos, unos a\u00f1os antes, por medio de reformas legales. Un ejemplo de lo \u00faltimo es el voto femenino, la ley sancionada en 1949 por la decisiva influencia de Mar\u00eda Eva Duarte de Per\u00f3n por medio de la cual se legaliz\u00f3 la participaci\u00f3n de las mujeres, que por primera vez votaron en noviembre de 1951 en las elecciones a nivel nacional. En dicha oportunidad, 24 bancas de diputados y nueve de senadores fueron ocupadas por mujeres. Un gran n\u00famero de mujeres se integr\u00f3 a la contienda de la d\u00e9cada del 70. Los estudios disponibles ponen en evidencia que la mayor\u00eda de las mujeres estaba en la base, llevando a cabo actividades en los frentes barriales, estudiantiles, villeros o sectoriales, o en la estructura intermedia pero no en la conducci\u00f3n (Barrancos, 2008; Pasquali, 2005). Las agrupaciones militantes, tanto del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), del Ej\u00e9rcito Revolucionario del Pueblo (ERP), como Montoneros:<\/p>\n<p><em>\u201cDefinieron intervenciones estrat\u00e9gicas vinculadas a las mujeres de los diversos grupos populares (\u2026) [sin embargo] esos programas (\u2026) no conten\u00edan concepciones auton\u00f3micas de la condici\u00f3n femenina ya que estaban por completo divorciadas de los principios feministas tenidos por lo general como concepciones burguesas\u201d (Barrancos, 2008:146).<\/em><\/p>\n<p>Ambas agrupaciones crearon sus frentes de mujeres: el Frente de Mujeres y la Agrupaci\u00f3n Evita respectivamente. Esto no puede leerse como fruto de las luchas feministas o de una profunda reflexi\u00f3n en el interior de los partidos porque, como es sabido, \u201c<em>las organizaciones pol\u00edticas de izquierda, en general, se han mostrado reacias a aceptar cualquier planteo por fuera del binomio interpretativo \u2018liberaci\u00f3n o dependencia\u2019<\/em>\u201d (Gramm\u00e1tico, 2005:26).<\/p>\n<p>Una de las notas distintivas de la militancia de los setenta, fue la militancia en pareja; se estima que aproximadamente el 35 % de los\/las integrantes de las organizaciones pol\u00edtico-militares eran mujeres (Vassallo, 2009). Un dato tal vez anecd\u00f3tico es que el t\u00e9rmino \u201cnovia\/o\u201d hab\u00eda sido desplazado y en su lugar se utilizaba el de \u201ccompa\u00f1era\/o\u201d para connotar no s\u00f3lo un v\u00ednculo afectivo-sexual sino tambi\u00e9n coincidencia pol\u00edtica (Vassallo, 2009). No es casual que las dos mujeres que llegaron a ocupar un lugar en el Comit\u00e9 Central del PRT-ERP hayan sido compa\u00f1eras\/esposas de destacados dirigentes del partido: Santucho y Pujals (Pasquali, 2005).<\/p>\n<p>Por su parte, el peronismo promov\u00eda la participaci\u00f3n de las mujeres en tanto madres y esposas (Vassallo, 2009; Gramm\u00e1tico, 2009). No eran convocadas a participar para luchar en pos de su autonom\u00eda profesional, laboral y econ\u00f3mica, sino m\u00e1s bien a trabajar en las unidades b\u00e1sicas y por la lealtad a Per\u00f3n. Ya desde la d\u00e9cada de los cuarenta, estaban enquistadas en el discurso de Mar\u00eda Eva Duarte las notas cl\u00e1sicas de la condici\u00f3n femenina que destacan el papel insustituible en la crianza de los hijos y la atenci\u00f3n al hogar; en otras palabras, el \u201c<em>contrapunto entre las obligaciones p\u00fablicas y dom\u00e9sticas de las mujeres, y el alejamiento de cualquier presupuesto liberador feminista, fue constante en su ret\u00f3rica<\/em>\u201d (Barrancos, 2008:123). Sin embargo, aument\u00f3 de manera notable la participaci\u00f3n de las seguidoras en la arena pol\u00edtica; se le debe a Eva Duarte haber dado origen en el interior del Partido Justicialista a la Rama Femenina.<\/p>\n<p>La experiencia que vivieron las mujeres militantes dej\u00f3 una huella imborrable no s\u00f3lo en sus vidas sino tambi\u00e9n en la historia, aunque no abunde la bibliograf\u00eda espec\u00edfica de su protagonismo. La gran mayor\u00eda era de clase media y media\/baja. Gran parte de ellas era estudiantes y fue en la universidad donde muchas tomaron contacto con las cuestiones ideol\u00f3gicas y pol\u00edticas de la militancia (Noguera, 2011)<sup>1<\/sup>\u00a0. Las mujeres sosten\u00edan la lucha y la revoluci\u00f3n en los frentes de masas y desde lo cotidiano. En palabras de una militante de la organizaci\u00f3n universitaria LAP, Liliana Vanella: \u201c<em>hubo un destape de la mujer\u2026 que b\u00e1sicamente ten\u00eda que ver de la participaci\u00f3n de la mujer en lo p\u00fablico. Pero con irnos de la casa, irnos a vivir con nuestras parejas y no casarnos, con el uso de la pastilla anticonceptiva, con el aborto, con el tomar la decisi\u00f3n si quer\u00edamos tener o no un chico<\/em>\u201d\u00a0<sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>Se planteaban revolucionar no s\u00f3lo las cuestiones individuales sino tambi\u00e9n las colectivas y en las organizaciones pudieron canalizar sus revoluciones internas, seg\u00fan Liliana Callizo, militante del PRT. As\u00ed tambi\u00e9n para Liliana Vanella, en el interior de las organizaciones militantes \u201c<em>hab\u00eda mucho cuidado tanto de los varones como de las mujeres de que no hubiera situaciones de inequidad, o sea de que la reivindicaci\u00f3n del car\u00e1cter igualitario de las mujeres no se discut\u00eda, se hac\u00eda<\/em>\u201d<sup>\u00a03<\/sup>.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de los setenta, las contradicciones principales, las desigualdades, las injusticias, los problemas sociales y pol\u00edticos se analizaron en t\u00e9rminos de clases, imperialismo-dependencia y en la antinomia capitalismo-revoluci\u00f3n. Revoluci\u00f3n que ten\u00eda caracter\u00edsticas diferentes seg\u00fan los partidos y organizaciones pol\u00edticas. En este marco, las preocupaciones de las organizaciones ten\u00edan como ejes de la discusi\u00f3n y lucha cuestiones como: la lucha de clases, la dictadura del proletariado y\/o la revoluci\u00f3n nacional (Noguera, 2011)<sup>4<\/sup>\u00a0. Es decir, que el pensamiento y la acci\u00f3n feminista, el movimiento de liberaci\u00f3n de las mujeres, ten\u00edan poca cabida. Sin embargo, para algunas de ellas no representaba un problema o cuestionamiento. Era \u201calgo\u201d para despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. En palabras de Liliana Callizo: \u201c<em>se dec\u00eda desde la izquierda tradicional que primero hab\u00eda que organizarse socialmente y a trav\u00e9s de la organizaci\u00f3n social se iba a lograr el tema de individualizar la cuesti\u00f3n de la identidad de la mujer<\/em>\u201d\u00a0<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>Otra militante del Partido Obrero, Marta Sagad\u00edn, expone que si bien ve\u00edan diferencias en que por ejemplo los cargos de direcci\u00f3n estaban ocupados sobre todo por hombres, no era algo que ellas problematizaban, el esfuerzo estaba concentrado en otras luchas. Ella lo explica con las siguientes palabras: \u201c<em>Se consideraba que una vez que se cambiara el sistema, entonces all\u00ed se iba a poder lograr avanzar en una cantidad de reivindicaciones de las mujeres que dentro del sistema no se iban a poder lograr. Las mujeres que entend\u00edamos eso, est\u00e1bamos ah\u00ed, hombro con hombro con los hombres en lo que tuvi\u00e9ramos que hacer<\/em>\u201d<sup>6<\/sup>\u00a0.<\/p>\n<p>Al releer los diversos testimonios de las militantes, se pueden entrever las particularidades de esa opci\u00f3n (contraria a las expectativas de g\u00e9nero) y las dificultades multiplicadas a las que se enfrentaron en esto de \u201ctener que\u201d pelear con el cuidado de los hijos, su militancia, la vida familiar, la manutenci\u00f3n del hogar, entre otros aspectos. Dificultades que se vieron agravadas cuando se instal\u00f3 de lleno el Terrorismo de Estado, lo que para muchas implic\u00f3 pasar a la clandestinidad con sus hijos. Seg\u00fan el informe del CONADEP, el 30 % de los secuestros y detenci\u00f3n ilegal en los centros clandestinos de detenci\u00f3n fueron mujeres (cit. por Barrancos, 2008).<\/p>\n<p>El Terrorismo de Estado se invisti\u00f3 diferente para las mujeres, \u201c<em>las violaciones, las condiciones del parto y el secuestro de los reci\u00e9n nacidos aumentaron la victimizaci\u00f3n de las mujeres. (\u2026) Les fueron infligidos repertorios m\u00e1s amplios de suplicio, hubo m\u00e1s alternativas para el sufrimiento<\/em>\u201d (Barrancos, 2008: 147-148). Las diferencias del horror son descriptas por Liliana Callizo: \u201c<em>Cuando viene el Golpe de Estado, ah\u00ed s\u00ed somos visualizadas como g\u00e9nero dentro de la represi\u00f3n. (\u2026) Si bien ven\u00edamos acumulando toda una energ\u00eda y resistencia conjunta, cuando llegamos a un lugar de represi\u00f3n, nos reprimen aparte. En nuestro rol de militante y g\u00e9nero. O sea que es picana y violaci\u00f3n, picana y abuso, picana y manoseos<\/em>\u201d<sup>7<\/sup>\u00a0.<\/p>\n<p>En el transcurso de la d\u00e9cada de los sesenta, internacionalmente se palpit\u00f3 la aparici\u00f3n de la \u201csegunda ola\u201d del feminismo (Barrancos, 2008). \u201c<em>Lo personal es pol\u00edtico<\/em>\u201d es uno de los lemas fundacionales. Se comienza a pensar en lo \u201cpersonal\u201d, hasta el momento reservado al \u00e1mbito privado, como parte de lo \u201cpol\u00edtico\u201d. Las feministas buscaban advertir que ciertos problemas, por ejemplo la violencia sexual y dom\u00e9stica, no eran cuestiones marginadas al \u00e1mbito de lo privado y a lo moral-individual, sino que eran temas para ser abordados y discutidos en el marco de los otros debates p\u00fablicos del momento.<\/p>\n<p>El lema \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d es distinguido porque en \u00e9l se logra unir \u201c<em>la singularidad de la experiencia vivida con las condiciones objetivas de subordinaci\u00f3n femenina en un momento dado y las estrategias posibles para su transformaci\u00f3n<\/em>\u201d (Campagnoli, 2005:159). Lo personal, aquello que parec\u00eda confinado al espacio privado, al \u00e1mbito de lo dom\u00e9stico, pasa a referenciar un proyecto y espacio pol\u00edtico (2005).<\/p>\n<p>Previo a ello, hablar de la esfera p\u00fablica era referirse a cuestiones concretas ligadas a lo masculino, a aquello donde la mujer no deb\u00eda ni pod\u00eda tener injerencia. Esto es as\u00ed dado que el terreno de la feminidad era exclusivamente el \u00e1mbito dom\u00e9stico, entendiendo por esto intersubjetividades privadas con marcadas limitaciones de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Si retomamos algunos aportes de la soci\u00f3loga chilena Kirkwood (1985), podemos pensar que la inclusi\u00f3n como tema de debate y hacer pol\u00edtico de lo antes reservado al \u00e1mbito privado, produce la complejidad de la incumbencia de \u201clo pol\u00edtico\u201d y en consecuencia pone en evidencia lo estrecho que tal dimensi\u00f3n tomaba hasta el momento. As\u00ed tambi\u00e9n, como se\u00f1ala la autora, permite la incorporaci\u00f3n de las mujeres como \u201cnuevas sujetas pol\u00edticas\u201d y con ellas la inclusi\u00f3n del mundo de la necesidad a la pol\u00edtica (porque reca\u00eda sobre ellas); a su vez que habilita la incorporaci\u00f3n y el debate de temas como por ejemplo la producci\u00f3n y reproducci\u00f3n humana, las formas de participaci\u00f3n y exclusi\u00f3n social, entre varios otros (Kirkewood, 1985).<\/p>\n<p>Una parte del n\u00facleo de este planteo est\u00e1 en sinton\u00eda con lo que dos d\u00e9cadas antes formul\u00f3 Simone de Beauvoir (1977) en su libro El Segundo Sexo. En \u00e9l deconstruye el concepto de mujer, definida como el \u201cotro\u201d con relaci\u00f3n a los hombres; cuestiona o relativiza todo destino culturalmente asignado a la mujer y hace hincapi\u00e9 en las caracter\u00edsticas contextuales hist\u00f3ricas y sociales que van construyendo y condicionando el \u201cser mujer\u201d. En palabras de Campagnoli:<\/p>\n<p><em>\u201cLa invenci\u00f3n de un reconocimiento geneal\u00f3gico abri\u00f3 el juego a subjetividades para las que ser mujer no fuera contradictorio con ser personas participantes de la cultura. Esto no implica la necesidad de tener que devenir mujer en un \u00fanico sentido, sino la posibilidad de devenir mujer en sentidos m\u00faltiples, diversos y no un\u00edvocos\u201d (2005:165).<\/em><\/p>\n<p>\u00c9sta ser\u00e1 una de las principales banderas que va a tomar y defender el feminismo de la \u201csegunda ola\u201d con el objetivo de lograr una mirada de s\u00ed, surgida desde las mujeres y para ellas mismas.<\/p>\n<p>Sin embargo, en esa \u00e9poca y durante los setenta las reivindicaciones feministas y sus reclamos fueron recibidos por los argentinos con apat\u00eda y hasta con rechazo. La prensa las calific\u00f3 de \u201cquemadoras de corpi\u00f1os\u2019, \u2018mujeres gordas y viejas\u2019 u \u2018odiadoras de hombres\u201d (Pite, 2009:190). La \u201c<em>sociedad\u201d a\u00fan ten\u00eda reservado para las mujeres, casi con exclusividad, el deber de limpiar, cocinar, lavar, cuidar a los hijos y atender al marido. Y en caso de disponer de tiempo libre, deb\u00edan dedicarse a consumir productos de belleza para estar \u201chermosas\u201d\u00a0<\/em>(2009).<\/p>\n<p>Las feministas cuestionaban estas normas de g\u00e9nero, cuestionamientos que fueron muy resistidos incluso por much\u00edsimas argentinas. En las organizaciones militantes de izquierda (en todas sus variantes) las discusiones en torno a la liberaci\u00f3n de la mujer fueron temas postergados para luego de la revoluci\u00f3n. Como describimos en p\u00e1rrafos anteriores, las prioridades y ejes de lucha eran otros y los reclamos feministas fueron etiquetados de \u201cburgueses y proimperialistas\u201d. Fue as\u00ed que las feministas entendieron que las activistas de izquierda, si bien se preocupaban por intentar tirar por tierra las jerarqu\u00edas del imperialismo y de las clases sociales, no se problematizaban por las jerarqu\u00edas vigentes de g\u00e9nero (Feijo\u00f3 y Nari, 1996 cit por Pite, 2009; Barrancos, 2008).<\/p>\n<p>En este sentido, retomamos a Kirkwood (1985) para reflexionar que la experiencia concreta de las mujeres fue el autoritarismo tanto en el interior de la casa como en el espacio p\u00fablico. Esta autoridad, como se\u00f1ala la autora, es anterior a los reg\u00edmenes autoritarios que flagelaron a Am\u00e9rica Latina en las d\u00e9cadas del sesenta y setenta. Es por ello que durante la dictadura, el feminismo plante\u00f3 que su lucha era en contra de todo autoritarismo, tanto del ejercido a nivel pol\u00edtico-estatal como el que se daba a nivel de relaciones de poder y dominaci\u00f3n del hombre en el interior del hogar o en el trabajo.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de toda resistencia, entre los a\u00f1os 1970 y 1975 se crearon varias organizaciones feministas. En 1970 se constituy\u00f3 la primera. Se llam\u00f3 Uni\u00f3n Feminista Argentina (UFA). Pocos meses despu\u00e9s, se sum\u00f3 el Movimiento de Liberaci\u00f3n de Mujeres (MLM). Otro n\u00facleo fue la Uni\u00f3n Feminista Nacional (UFN). Luego, en el 72, el Movimiento de Liberaci\u00f3n Femenina (MLF); en el 74 se constituy\u00f3 el Movimiento Feminista Popular (MOFEP), agrupaci\u00f3n que se origin\u00f3 en el Frente de Izquierda Popular (FIP) y la Asociaci\u00f3n para la Liberaci\u00f3n de la Mujer Argentina (ALMA) (Gramm\u00e1tico, 2005; Barrancos, 2008).<\/p>\n<p>En los primeros encuentros de mujeres, en los que se congregaban participantes con trayectorias e intereses diferentes, se plante\u00f3 la discusi\u00f3n entre dos afirmaciones que marcaban dis\u00edmiles prioridades. Por una parte, estaba la consigna \u201cno hay feminismo sin democracia\u201d (cit. por Kikwood, 1985:65) y por el otro, \u201c<em>no hay democracia sin feminismo<\/em>\u201d (1985:65). En el primer caso, la subordinaci\u00f3n de g\u00e9nero era un tema a tratar luego de derrocar a los gobiernos militares y tomar el Estado para generar un paso a un orden antiimperialista; en el segundo, defendido por las mujeres que militaban en el feminismo, se desechaba la idea de contradicci\u00f3n entre la lucha por los reclamos de las mujeres y la oposici\u00f3n a los gobiernos dictatoriales, a la vez que \u201c<em>afirmaba la naturaleza constitutiva de toda opresi\u00f3n que implica la dominaci\u00f3n, discriminaci\u00f3n y subordinaci\u00f3n de las mujeres en el mundo privado<\/em>\u201d (Kikwood, 1985:65).<\/p>\n<p>En el 75, todas las organizaciones nombradas anteriormente (menos el MOFEP), m\u00e1s la Agrupaci\u00f3n de Mujeres Socialistas (AMS) \u201c<em>convergieron en el Frente de Lucha por la Mujer (FLM), que, a pesar de su corta vida, llev\u00f3 adelante un interesante programa de propuestas y actividades<\/em>\u201d (Gramm\u00e1tico, 2005:20). En este \u00faltimo frente, las feministas elaboraron un programa de trabajo de 11 puntos, entre los que se destacan: remuneraci\u00f3n para el trabajo hogare\u00f1o, anulaci\u00f3n de legislaci\u00f3n que prohib\u00eda la difusi\u00f3n y uso de anticonceptivos, potestad y tenencia compartida por madre y padre, inclusi\u00f3n de los art\u00edculos de protecci\u00f3n de la maternidad en el sistema de seguridad social, aborto legal y gratuito y divorcio absoluto a petici\u00f3n de una de las partes (Gramm\u00e1tico, 2005; Vassallo, 2005).<\/p>\n<p>Estos movimientos de mujeres se defin\u00edan como policlasistas, no se hac\u00edan distinciones econ\u00f3micas, sociales, culturales o generacionales, ni tampoco pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas:<\/p>\n<p><em>\u201cEn t\u00e9rminos de la crisis de legitimidad de los a\u00f1os setenta, este tipo de feminismo pod\u00eda tener un potencial altamente subversivo, no s\u00f3lo para los poderes institucionalizados, sino para el propio campo de la izquierda y del peronismo, ya que dificultaba la construcci\u00f3n de p\u00fablicos homog\u00e9neos, con adversarios pol\u00edticos claros y reconocibles, y formas de acci\u00f3n colectiva con una eficacia probada\u201d (Vassallo, 2005:70).<\/em><\/p>\n<p>La primera organizaci\u00f3n Uni\u00f3n Feminista Argentina (1970-1973) declaraba en sus documentos que si bien algunos partidos como el peronismo y los otros de izquierda incorporaban algunas demandas feministas, no promov\u00edan la liberaci\u00f3n de la mujer porque este proceso exig\u00eda un compromiso especial de las mujeres con su propia lucha, una estrategia espec\u00edfica, caracter\u00edsticas diferentes y una forma de organizaci\u00f3n\/asociaci\u00f3n que estaba por encima de las pol\u00edticas partidarias (2005). Consideraban que los partidos y su concepci\u00f3n pol\u00edtica \u201cdejaban intactas las desigualdades de poder en el interior de las organizaciones y en las instituciones sociales en general\u201d (2005:70).<\/p>\n<p>Sin embargo, dado el clima pol\u00edtico que vivi\u00f3 la Argentina en los setenta y a pesar de todos los esfuerzos, no fue suficiente para construir un movimiento a largo plazo y en gran escala. Una mezcla de factores puede dar alg\u00fan tipo de explicaci\u00f3n: la aparente despreocupaci\u00f3n en la formaci\u00f3n de las nuevas generaciones del movimiento; las discusiones no resueltas en torno al modo de incorporar su lucha en el contexto general de la pol\u00edtica argentina; los conflictos alrededor de la \u201cdoble militancia\u201d (pol\u00edtica y feminista a la vez), situaci\u00f3n que no se logr\u00f3 articular; la imposibilidad de concretar espacios inclusivos desde los cuales luchar por la liberaci\u00f3n femenina y relacionarse con otros actores sociales importantes (Vassallo, 2005).<\/p>\n<h3><a id=\"conclusiones\" name=\"conclusiones\"><\/a>ALGUNAS REFLEXIONES FINALES.<\/h3>\n<p>Existi\u00f3 un di\u00e1logo, no sin conflictos, entre las mujeres militantes de los partidos de izquierda, del peronismo y las militantes de las organizaciones feministas. Hubo puntos de contactos que podr\u00edamos destacar como: la \u201cdoble militancia\u201d, la cual puede ser analizada como un punto de conflicto que impidi\u00f3 que el feminismo tuviese un mayor impacto, pero tambi\u00e9n puede ser visto como \u201cun puente\u201d entre ambos espacios de militancia que favoreci\u00f3 la incidencia feminista en el plano pol\u00edtico; el origen de grupos feministas dentro de los partidos pol\u00edticos como el caso del Movimiento Feminista Popular (MOFEP) en el seno del Frente de Izquierda Popular (FIP), o de los Frentes de Mujeres en los partidos PRT-ERP y Montoneros; y los v\u00ednculos establecidos entre partidos y colectivos feministas como sucedi\u00f3 entre las mujeres del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y la Uni\u00f3n Feminista Argentina (UFA) (Gramm\u00e1tico, 2005).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, y en coincidencia con la apreciaci\u00f3n de Noguera (2011), las militantes de las organizaciones pol\u00edtico-militares de los setenta \u201cpracticaron un tipo de feminismo sin hab\u00e9rselo planteado como tal\u201d\u00a0<sup>8<\/sup>\u00a0. Como ejemplo de esto \u00faltimo podr\u00edamos referenciar a las Madres de Plaza de Mayo quienes de forma original llevaron adelante la pr\u00e1ctica del lema de la segunda ola del feminismo: \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d; ya que salieron al espacio p\u00fablico a reclamar un mandato materno privado \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1n nuestros hijos? El silencio no es respuesta\u201d. Estas mujeres se situaron desde su rol de madres, rol avalado y defendido en el modelo de familia tradicional y cristiano que promov\u00edan desde las Juntas Militares.<\/p>\n<p>Retomando esos valores maternales que el r\u00e9gimen autoritario instaba a practicar en el seno de la familia (\u00e1mbito privado), llevaron al \u00e1mbito p\u00fablico la demanda del regreso con vida de sus hijos y familiares desaparecidos, lo cual puso en evidencia una de las tantas contradicciones del doble discurso de los militares. Pero adem\u00e1s, fue as\u00ed que lograron pasar del \u00e1mbito privado o \u201cnatural\u201d al p\u00fablico-pol\u00edtico. Se politizaron sus obligaciones \u201cnaturales\u201d: velar por la seguridad y destino de sus hijos. Esta acci\u00f3n de las madres fue un hecho pol\u00edtico fundamental de presi\u00f3n para las Juntas Militares y su acci\u00f3n continua se constituy\u00f3 como un factor clave en las sucesivas pol\u00edticas relacionadas al tema, formuladas desde el retorno de la democracia hasta la actualidad.<\/p>\n<p>Sin embargo, tal como analizamos a lo largo del trabajo, las demandas y abusos sufridos por las mujeres rara vez encontraron respaldo en las pol\u00edticas encaradas desde las organizaciones o partidos de izquierda y del peronismo. Eran cuestiones para abordar despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n porque se les consideraba \u201casuntos\u201d menores y secundarios con relaci\u00f3n a la \u201cluchas de clases\u201d contra el imperialismo, la revoluci\u00f3n nacional y\/o la dictadura del proletariado. En esa sinton\u00eda, las mujeres que militaban en los partidos y organizaciones de izquierda o en el peronismo, consideraban, tal como se apunt\u00f3 en p\u00e1rrafos anteriores, que primero deb\u00eda cambiarse el sistema, para luego poder pensar en las reivindicaciones femeninas.<\/p>\n<p>En general, se tiende a asumir que el principal obst\u00e1culo del movimiento feminista en esas d\u00e9cadas fueron las dictaduras militares. Si bien esto es cierto, creemos que otros de los obst\u00e1culos que tuvo que sortear el movimiento feminista en la Argentina como en otros pa\u00edses de Latinoam\u00e9rica, y que en alg\u00fan sentido sum\u00f3 para no lograr construir un movimiento a gran escala, fue anterior a los golpes de Estado y tuvo que ver con la resistencia de la propia izquierda en incorporar o reformular a sus agendas en funci\u00f3n de sus demandas y de otros juegos de poder desiguales y autoritarios que se daban en el interior del hogar y en lugares de trabajo.<\/p>\n<p>Para concluir, retomamos la consigna \u201clo personal es pol\u00edtico\u201d para repensarla a la luz de los acontecimientos de las d\u00e9cadas de sesenta y setenta en Argentina. Como sabemos, dicha consigna naci\u00f3 en el primer mundo, en un contexto distinto al latinoamericano. Cuando lleg\u00f3 a esta regi\u00f3n, se hizo en el marco de democracias inestables que estaban viendo el ocaso de los proyectos populistas del siglo XX; cuando los golpes de estado fueron cobrando dimensiones cada vez m\u00e1s crueles; los partidos o movimientos de izquierda converg\u00edan en la idea de que hacer la revoluci\u00f3n era tomar el Estado para dar comienzo a una etapa que supon\u00eda un nuevo orden, m\u00e1s inclusivo, democr\u00e1tico, nacional, antiimperialista (opuesto a los supuestos impl\u00edcitos en el capitalismo) y a corto plazo persegu\u00edan ampliar la participaci\u00f3n y los derechos de las clases populares y para quienes el sujeto pol\u00edtico por excelencia era la clase obrera.<\/p>\n<p>Por lo tanto, las demandas feministas llegaron a Latinoam\u00e9rica en un contexto que las situaba en un segundo plano, tal como planteamos a lo largo de este trabajo. Primero la revoluci\u00f3n, luego el g\u00e9nero. En ese sentido, podemos cuestionarnos: \u00bfhasta qu\u00e9 punto lo personal es en realidad pol\u00edtico en la Argentina de los setenta? Porque pareciera ser que lo personal era pol\u00edtico en tanto y en cuanto era considerado como un aspecto secundario de &#8220;lo pol\u00edtico&#8221;. Es decir, lo personal parec\u00eda que era una dimensi\u00f3n de lo pol\u00edtico que estaba antecedida por la pol\u00edtica &#8220;realmente importante&#8221;, cuyo fin era la revoluci\u00f3n de clase. Podr\u00edamos decir que en este marco lo personal es pol\u00edtico, pero no &#8220;tan&#8221; pol\u00edtico. Lo personal era algo as\u00ed como una pol\u00edtica con min\u00fasculas.<\/p>\n<p><cite><sup>1<\/sup>Extracto de sus declaraciones en el Informe televisivo \u201cM\u00e1quinas de amor y de guerra\u201d, del Programa Universidad Abierta\/ UNC, emitido el 09-07-2011 por canal 10.<br \/>\n<sup>2<\/sup>Idem<br \/>\n<sup>3<\/sup>Idem<br \/>\n<sup>4<\/sup>Idem<br \/>\n<sup>5<\/sup>Idem<br \/>\n<sup>6<\/sup>Idem<br \/>\n<sup>7<\/sup>Extracto de sus declaraciones en el Informe televisivo \u201cM\u00e1quinas de amor y de guerra\u201d, del Programa Universidad Abierta\/ UNC, emitido el 09-07-2011 por canal 10.<br \/>\n<sup>8<\/sup>Extracto de sus declaraciones en el Informe televisivo \u201cM\u00e1quinas de amor y de guerra\u201d, del Programa Universidad Abierta\/ UNC, emitido el 09-07-2011 por canal 10.<\/cite><\/p>\n<h3><a id=\"referencias\" name=\"referencias\"><\/a>REFERENCIAS<\/h3>\n<p>BARRANCOS, D. (2008):\u00a0<em>Mujeres, entre la casa y la plaza<\/em>. 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